¿Destransicionaste Nena?



 He estado limpiando mi cuarto, deshaciéndome de cosas que no uso, cosas que traen malos recuerdos o cosas que simplemente ya no me sirven (adiós cajas de Amazon y cajas bonitas de productos). En una repisa a donde no llego si no me subo sobre la bocina de mi bajo encontré mi pelo ¿cabello? (la RAE dice que es pelo si lo cortaron). El pelo que encontré fue el pelo que me corté luego de una crisis emocional que me llevo a la decisión de destransicionar. ¿Porque tengo ese pelo? Alguna vez pensé en donarlo para alguna fundación de cáncer, pero siempre lo estaba dejando de lado hasta que un día ya no volví a verlo. Supuse que lo habían tirado a la basura. Subí la foto del pelo al Insta y unas cuantas personas reaccionaron sorprendidas. Esta experiencia solo la he hablado con mi psiquiatra, mi mamá y mis mejores amigos. Les voy a hacer traumadumping para que me quieran más. 

Supongo que la mayoría de gente cis cree que transicionar es una cosa que haces una vez y de allí, arcoíris y unicornios y final feliz. Les tengo malas noticias.Tuve 

Todo esto paso en los tiempos del COVID. Venia jugando con la idea de destransicionar luego de varias situaciones que me tenían triste y decepcionada ese año. La situación que me rompió fue el trato (maltrato) que se me dio en el hospital cuando me tuvieron que operar. Estuve hospitalizada porque tengo varias enfermedades alimenticias. El fin de año había comido de más y engordado de más (en mi cabeza, las fotos cuentan otra historia). Para mi cumpleaños, que es 1 mes después de navidad me di un atracón de comida desproporcionado. Cuando la celebración concluyo y mientras todos se despedían y se iban, aproveché el caos para entrar sigilosamente al baño y me forcé a vomitar. Soy bulímica . 

La bulimia crónica tiene sus consecuencias, una de las primeras es que forzarte a vomitar seguido es que desensibiliza tu reflejo faríngeo. Si no saben qué es ese reflejo, es el que te da cuando te metes un dedo en la boca y causa esa sensación de que vas a vomitar. Al principio es fácil hacerte vomitar, pero llega un momento que ni dos ni tres dedos ni la mano entera bastan para forzarte a vomitar. El cepillo de dientes es la herramienta preferida por las bulímicas. Vomitar es duro para tu cuerpo, se cierra tu tráquea para que salga el vómito. Te fuerzas a contener la respiración y llega un momento en que debes de pausar de vomitar para respirar, porque si no, tu cuerpo te obliga a respirar. En lo que me forzaba a sacarlo todo, tuve ese reflejo de respirar, esto causo que me tragara el cepillo de dientes. Tuve suerte que no se fuera a la tráquea.   

Hice todo lo posible para sacarme el cepillo, pero nada funciono. Con mucha vergüenza le pedí a mi mamá y a mi papa que me llevaran al hospital. No entendieron qué les estaba hablando. Tuve que explicar mi bulimia y el cepillo de dientes. No podía verlos a los ojos. Que soy bulímica es algo que nunca había querido aceptar, aun lo veo como un fallo de carácter. 

En el hospital los doctores trataron de sacar el cepillo por medio de una laringoscopia. No lo lograron, el cepillo había llegado a mi estómago y había asumido una posición horizontal. Necesitaba cirugía. Para prepararme a la cirugía, no pude comer, beber o tomar mis medicamentos por 5 días. Fueron malos esos 5 días, pero fueron un infierno gracias al maltrato de un enfermero 

No sé porque el tipo se ensaño conmigo. Me despertaba en horas ridículas de la noche o de la madrugada para cambiarme de lugar la aguja del suero. A veces en mis brazos, a veces en mis manos. Lo hacía unas dos o tres veces cada noche. Lo hizo muy mal en varias ocasiones. Estoy segura de que fue a propósito. Mi mano se hincho a tal punto que parecía un globo rojo, también lo hizo en mi antebrazo que quedo hinchado y morado. Luego de salir del hospital pase unas semanas con el dorso de la mano y la parte interior de mi antebrazo con moretes. 

Todas las personas trans somos discriminadas. Esa discriminación viene de dos formas, la forma dura, que es la que trae violencia e insultos, y la forma suave, como cuando las múltiples veces que no obtienes un trabajo, aunque tu CV sea estelar, aunque tienes una entrevista exitosa por teléfono, y luego no oyes nada de nada después de la entrevista en persona, o cuando la gente que era tu amiga del colegio te deja de invitar a las reuniones de grupo y al final te dejan de hablar. 

Al salir del hospital en el carro de mi mamá, me conto que todos asumieron que había entrado al hospital por una operación relacionada con ser trans. Vi sus ojos vidriosos, y rompí en llanto. Mi mamá es mi héroe, mi campeona, mi soporte emocional. Yo estoy viva gracias a ella, y no es porque me dio a luz. Amo incondicionalmente a mi mamá. Muchas veces siento que no merece tener una hija como yo. 

Cuando llegue a casa estaba decidida a hacer lo que fuera para dejar de ser “así”. Agarre mi pelo en una cola y lo corte, creí que iba a ser más fácil, pero necesito varios tijeretazos. Lo que quedaba lo corte corto. Deje las hormonas. Deje de escribir. Borré y cerré mi Instagram (si lo stalkeas, encontraras que mi insta tiene menos de 5 años). Me puse a levantar pesas y hacer ejercicios obsesivamente. Deje de comer todo lo que no fuera necesario. Pronto mi cuerpo había regresado a ser duro y musculoso. No me pareció justo lo fácil que me resulto volver a tener cuerpo cuando me había costado tantos años de mi transición para estar feliz con mi cuerpo de mujer. Había destransicionado. 


La gente confabula destransicionar con arrepentirse. No es así. alrededor del 83% de las personas que destransicionan citan factores externos para haber tomado esa decisión: 30% padres/familia 30% estigma social 27% dificultad para conseguir trabajo, los 13% que quedan se dividen entre el maltrato médico y presión de lideres religiosos. 

La respuesta de todos a mi destransición fue rotundamente aprobadora. ¿Como describirlo? Mi tío materno, quien además de ser doctor es de las personas que más quiero y me quieren en este mundo, me pregunto en el chequeo médico post operatorio. 

-Ya te curaste de esa tu cosa? 
-risas nerviosas. Si 
-Qué bueno. 

¿Que bueno? 

Que bueno que eres normal de nuevo 

Que bueno que dejaste esa locura.  

Que bueno que eres como nosotros de nuevo. 

Que bueno. 

Conseguí trabajo en mi profesión fácilmente. Las amistades perdidas me volvieron a hablar. Me comenzaron a salir pelos que había perdido. Me dio asco todo, me di asco a mí misma 

Las restricciones del COVID se levantaron. Pude verme de nuevo con mis verdaderos amigos, los que me aceptaron y me ayudaronn cuando lo perdí todo por ser yo misma. 

- ¿Que paso Sia?  
- ¿Aun eres Sia? 
-Si, supongo. 
-Bueno, seguimos con Sia hasta que nos digas distinto. 

 

Los amo. En serio. No tienen idea lo tanto que los amo. En un evento de drag, el Juancho me pidió que lo maquillara. La verdad es que no soy maquillista y apenas puedo conmigo. Fue un desastre. Le paro pidiendo ayuda a alguien más. Estaba feliz de cómo le había quedado 

-¿Sia, quieres que te maquillen? 

Sentí ese frio en el estómago que da cuando debes de tomar una decisión importante. Respire profundamente 

-Si 

Llore un poco

 


Algo que comentamos las mujeres trans entre nosotras es lo irónico que nos resulta cuando las personas cis te dicen que eres valiente por haber transicionado, sabemos que no lo hacen por mal, es una simplificación, porque no es valentía, porque la otra opción es muy distinta.  

 

Mundialmente la satisfacción de las personas trans que transicionan se encuentra arriba del 95%. Imagínense eso, 95%. Son pocas las cosas que hacemos los seres humanos que tienen ese porcentaje de satisfacción.  

Ese 95% tiene su lado oscuro, el de la otra opción, porque las estadísticas solo toman en cuenta a las personas que aún están aquí para responder. 

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