sobre mis demonios
Todo lo que amaba se hizo trizas éste año. Ella me dejó por otra, perdí mi trabajo, el accidente en el auto me partió el fémur a la mitad y el auto quedó destrozado. Tengo unos tornillos saliendo de mi pierna que se unen por otro hierro. No puedo dormir haaga lo que haga o tome lo que tome. Detesto todo. Tengo otras pastillas a la par mía, se como va a terminar todo. Sólo tengo que armarme de valor, no existe otra forma de que ésto concluya. Antes de eso debo contar como llegué a éste punto. No se donde iniciar. No se cómo explicarlo Nadie que me conoce bien espera que les vaya a hablar de demonios literales. La verdad es que no sé cómo más llamarles. Debo de comenzar por principio...
Desde que era niña recuerdo las luces y sombras. La mayoríaa se ríe cuando les cuento que esos recuerdos son de cuando era una bebé. Nadie sabe la maldición que es recordarlo casi todo. Comence a notar sombras que poco a poco tomaban forma. A veces parecian reir, a veces parecian estar enojadas. En las noches me acompañaban hasta que me dormía preguntándoles quiénes eran y que hacían. Nunca me contestaron. La que veía seguido y a veces me asustaba era el señor cabra, que mientras caminaba la casa aparecía en las esquinas, una vez que lo ví me asuste tanto que me quedé sin respiración y me caí al suelo. Mamá me encontró dormida en esa esquina y me dijo que debería de usar mi cama si quería tomar una siesta.
Cuando le conté a Mamá sobre el señor cabra y le pregunté si lo había visto se preocupó mucho y me llevó con su mamá, mi abuela. Ella me hizo muchas preguntas. Lo más importante era que si me había hablado. Les dije que ni el señor cabra ni los otros me hablaban. Decidieron hacerme una limpia. En algo sirvió, ya que no volví a ver esa cosa durante un tiempo.
Yo era una niña solitaria en el colegio. Me gustaba escalar árboles. Un día encontré un nido con unos huevitos. Les conte a todos en la clase. El próximo recreo habían unos niños que se subieron al árbol y tiraron los huevos. Me puse a llorar. Los niños se burlaron de mi. Me llamaron niña niño. Llore mas, estaba enojada. Le grite al niño. Me empujo al piso. Llamaron a mis papas. Cuando llegue a casa me encerré en el cuarto y lloré hasta quedar dormida.
Me desperté cuando oí un ruido. No podía moverme. En la esquina del cuarto mis ojos vi la forma de una cabra.
-¿niiiiiñaaaaaa?
-¿niñññññño?
-¿niñññña-niññññooo?
Recorde al niño que me había empujado. Sentía el enojo en todo mi cuerpo. Quería ahorcar a esa sombra. Mis manos me dolían. Respiraba rápido como cuando corria.
-¿sssssssssi?
-ssssssssssssiiiiiii
La sombra desapareció. Todo se puso negro.
La mañana siguiente Mamá me preguntó si quería ir al colegio. No quería realmente pero le dije qué si. No hable con nadie. Cuando salí al recreo. Vi a los niños subiendo al árbol donde había estado el nido.
Se oyó que algo se rompía y el niño que me había empujado cayó gritando agarrado a una rama. Su cabeza rebotó en el piso de concreto, el sonido fue horrible. Nunca había visto tanta sangre cómo vi ese día.
Me dió mucho miedo. Sentía que yo había hecho algo malo. Esa noche soñé con la sombra. Tenía el color de sangre. Se reía. Mi mama dice que se despertaron cuando me oyeron gritar. Se asustaron y fueron a mi cuarto. Me encontraron gritando y llorando. Dijo que estaba sentada y viendo hacia la esquina del cuarto, hicieran lo que hicieran no podían parar mis gritos y mi llanto hasta que me sacaron de mi cuarto y me llevaron a su cuarto.
Aunque me llevaron al colegio, nunca me lograron bajar del carro. Eventualmente se dieron por vencidos. Nunca mas volví a ese colegio.
Comencé un año nuevo en otro colegio. Papá se aburrió de que durmiera con ellos y me expulsó a mi cuarto.
Mamá me cuenta que la mayoría de las noches me depertaba gritando y llorando, siempre mirando a la esquina. Papá se negaba a que regresara a su cama. Mamá decidió quedarse conmigo hasta que volviera a dormir bien. Mi abuela decía que había que hacerme una limpia, Papá se opuso rotundamente, decía que era un niño consentido y que nunca iba a hacerme hombre viviendo en las enaguas de mi mamá.
Su solución fue pasarme a un colegio solo de niños. Pasé todo el primer mes sin hablar con nadie y sola en los recreos. Los directores del colegio le sugirieron a mis papás que me llevaran a un psicólogo. El doctor dió su diagnóstico: terrores nocturnos.
Eventualmente hice un amigo, estaba feliz, jugábamos juntos todos los recreos. Los terrores nocturnos no volvieron. Un dia estabamos jugando con nuestros juguetes de Star Wars. Otro niño llegó y pisoteo mi mano con mi juguete y lo rompió. Mi amigo se levantó y lo empujó al piso. El niño parecía que iba a poner a llorar, pero se paró y le dijo a mi amigo que yo jugaba con muñecas. Yo le dije que no era una muñeca, que era la Princesa Lea. Me dijo que parecía niña jugando muñecas. Luego volteó a ver a mi amigo
-¿Y vos qué? ¿Por qué lo defendes? ¿Es tu novia?
-Es mi amigo.
-jajaja es tu novia
Esa noche me desperté oyendo un ruido. No podía moverme.
-niñññño
-niñññññña
-¿Niññño-niñññññaaaa?
La sombra tenía una forma mas real, como los libros que abres y los recortes saltan de ellos. Quería llorar. No podía moverme. Pensé en el niño que había pisoteado a mi princesa Lea. Pensé en cómo me había defendido mi amigo.
-¿ssssssssssssiiiiiii?
La cosa me miraba intensamente. Todo se tornó negro. Lo último que oí fue un ruido que parecía una risa.
El otro día en el recreo estábamos junto a mi amigo en los columpios. Especificamente donde estaban las barras de metal que podías escalar y cruzar de un lado al otro columpiando.
- Te reto a que cruces las barras y llegues al otro lado.
Mi amigo cruzo al otro lado columpiandose como un mono.
-¡Fácil! Ahora te toca a ti.
Me daba miedo pero lo iba a hacer. Comencé bien en las primeras tres barras. Sentia que ya no podía mas. Subi mis pies a las barras, como que estuviera subiendo una escalera, solo que horizontalmente y boca abajo. La movida me sirvio y estaba a punto de llegar al otro lado cuando vi que llegaba el niño del día anterior.
-Mira, tu novia no puede ni cruzar las barras.
-No es mi novia. ¡Imbécil!
Se juntaron otros niños a ver que estaba pasando. El otro niño se encargó de explicar la situación.
-¡Miren! La novia no va a poder cruzar al otro lado
-Que no es mi novia, imbécil
Volví a ver al otro niño y grité
-Te reto a que cruces las barras a ver si podes.
-A mi las niñas no me mandan.
-¡Te da miedo, sos un miedoso!
-¡Decile a tu novia que se calle!
-¡No es mi novia, Imbécil!
Todos los demás niños estallaron en risas. Volteé a ver a mi amigo, ya estaba a punto de llegar al otro lado. Tenía cara de enojado. Todos los niños reían. Volteé a ver a los niños. Cuando estaba poniendo mis pies en el otro lado vi la cara de mi amigo.
-No sos mi novia
Me pateó, perdí el balance y sentí frío. Todo se tornó negro.
Desperté en la enfermería. Me preguntaron qué había pasado. Les conté una historia en la que las manos se me habían resbalado y por eso había caído. Me pregunto si me recordaba que me había sentado y puesto a gritar y llorar. No recordaba nada. Llamaron a mis papas para que me llevaran con el doctor. Estuve en el hospital, me hicieron muchas pruebas. Los exámenes habían salido normales, pero la realidad es que algo había cambiado en mí con ese golpe.
Mamá me fue a ver por la noche. Estaba sentada viendo a la esquina. Las lágrimas caían por mis mejías, me contó que el único ruido que hacía era el aire saliendo por mi boca abierta. Comencé a ver más cosas, los comencé a ver nuevamente durante el día. Siempre en las esquinas o en las sombras, mirándome atentamente. Los que parecían tener boca me sonreían
Solamente pude volver al colegio una semana después. Entré a la clase y quise saludar a mi amigo, el sólo volteó a ver el piso. En la esquina algo sonrió. La clase entera estalló en risas. No quería llorar en frente de todos, salí corriendo hacia el baño. Estuve llorando y no quería salir del baño hasta que me amenazó el profesor con expulsión.
Nuevamente volvieron a llamar a mis papás. Esta vez solo llego mi mamá. Les contó que estaba en terapia, que iban a comenzar a darme medicamentos. Yo sólo miraba al piso, llorando. Fui a casa con mi mamá.
Cuando Papá llegó a la casa esa noche, estaba en un episodio de furia. Me gritó mucho, me reclamó porque estaban pagando mucho dinero por mi en el colegio. Le dije que ya no quería ir. Se quitó el cincho y comenzó a blandirlo.
-Te voy a hacer machito si es lo último que haga.
Recuerdo que me ardía todo el cuerpo, la espalda, mis brazos y mis piernas, un cinchazo me abrió una herida en la frente. Aun tengo esa cicatriz.
-Esto es lo que tengo que hacer aunque me odies.
Salió del cuarto y regresó con la máquina para cortar el pelo. Me rapó la cabeza. Eso me dolió más que la cinchazeada. No lloré. Me costaba respirar. El se asustó y llamó a Mamá, ella trato de calmarme. El psicólogo dijo que tuve un ataque de pánico.
Trate de evitar ir al colegio, pero Papá tomo como trabajo irme a dejar al colegio. Cuando traté de decirle que no iba a bajar, me reviró la cara de un golpe con la mano abierta. Sentí algo caliente bajar por la nariz. El sabor de sangre en mi boca lo explicó todo.
-Tomá este pañuelo y mirá que no te manches el uniforme. No me volvás a hacer un berrinche de mierda porque la próxima vez te va a ir peor.
Todos se rieron de mi cabeza rapada. En la esquina creí ver esa cosa riendo. De ese entonces en adelante solo me dediqué a estudiar. Pasé los recreos en la biblioteca. Encontraba libros tirados en el suelo. Algunos parecían ser para niños de mayor edad. Explicaban que existían mas niñas cómo yo en el mu do. Pronto descubrí que había también cosas en la biblioteca. Al voltear mi cabeza a veces podía ver el brillo de sus ojos. Carecían de boca.
Papá nunca paró su violencia hacia mi. Cualquier cosa que hacía o decía mal merecía un golpe. Al principio con cincho, luego con mano abierta y mientras pasaron los años con el puño cerrado y patadas cuando estaba en el piso.
Un día me dió tal golpiza por una nota baja en educación física que mi mamá amenazó con dejarle si volvía a poner una mano encima. Llorando en mi cuarto le dije a Mamá que yo no quería ser cómo él, que quería ser como ella le conté que haabían mas niñas como yo en el mundo. Mi mamá suspiró y me vió con cara de lástima.
-Eso no puede ser. Tu eres un hombre y así vas a ser por el resto de tu vida.
-Por lo menos déjenme crecer el pelo, parezco idiota con la cabeza rapada.
Mamá salió del cuarto y cerró la puerta. Esa noche lloré mucho, lloré hasta sentir que la cabeza me iba a estallar del dolor.
-niññññññññoooo
-¿cabeza?
-noooooo
-ya no niñññña
Volteé a ver. Era la primera vez que me hablaba sin que estuviera dormida. Me vió a los ojos y dejó ir un ruido como una risa mezclada con un sonido raro que me dió un escalofrío. No podía dejar de pensar en la golpiza de mi papá.
-¿Sssssssiiiiiiiiiii?
Apenas pude hablar, mi garganta estaba seca seca.
-Es mi papá, te pido que no hagas nada.
-Ssssssiiiiiiiiiiiii
Todo se volvió negro.
El próximo día me estaba llevando al colegio cuando otro auto se pasó el alto y nos embistió de lado. No puedo recordar qué pasó. Solo se que estaba fuera del auto y oí unas sirenas antes de perder el conocimiento. Yo pude regresar a casa el mismo día. Mi papá estuvo en el hospital por casi dos meses. Nunca pudo volver a caminar sin apoyarse en un bastón.
Pase todo ese mes sin poder dormir. Me mataba la culpa. Comencé a reprobar clases en el colegio. El psicólogo me refirió con un psiquiatra. Me recetó medicamentos para dormir. Nunca volví a hacer un amigo en el colegio, trataba de estar la menor cantidad de tiempo en la clase. La mayor parte de mi tiempo la pasaba en la enfermería con la excusa de tener dolores de cabeza.
Cuando cumplí 17 años y estaba en mi último año del colegio, me armé de valor y le hable a Mamá. Le dije que quería ser mujer. Ella no me dijo nada, solo se puso a llorar. Ella se encerró en su cuarto. Casi perdí el bus al colegio ese día. Cuando regresé a casa todas mis cosas estaban afuera en bolsas de basura. La puerta no abría con mis llaves. Toque el timbre, grité, escalé la pared y vi que no había nadie en casa
En una esquina de vi que me miraba atentamente.
-niñññññññaaaaaa
-niiiiiiññññña-niññññoooo
-sssssse vaaaaaaaa.
Casi me caigo de la pared, Era la primera vez que esta cosa me asustaba en mucho tiempo.
Tomé la bolsa que tenía mi ropa ropa y caminé donde mis abuelos maternos, cruce el barranco y luego tomé el atajo por la USAC para cruzar otro barranco. Mal que bien llegué a la casa de mis abuelos antes de que anochecer. Antes de tocar la puerta, mi abuela la abrió. Parecía estar esperándome.
-Algo me dijo que venías para acá.
-¿Mi mamá?
-No fue tu mamá.
-Entrá nena, tenemos mucho de qué hablar.
-Continuará-

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