Sobre Morir
Fue a llorarme a la casa de sus papás. El sentimiento general en mi familia era sombrío, esperando la muerte de la hija de mi tío, ella era un año menor que yo, y había nacido con un defecto en el corazón. Se esperaba que no viviera más de 1-2 años, no había nada que hacer. No puedo ni imaginar la tristeza que han de haber sentido todos con la noticia de mi muerte. Mi abuelo, que es doctor, decidió regresar a la casa para ver qué hacer con mi cuerpo.
Lo que nadie esperaba es que en mi casa, mi papá había empleado a un familiar cercano para hacer la jardinería en la casa. El familiar, en algún su pasado, había sido un estudiante brillante de medicina, hasta que sufrió un surmenage, o alguna otra rotura psicológica con la realidad, de la cual nunca regresó y pasaba sus días sin hacer nada hasta que mi papá le ofreció ese trabajo, el cual realizaba gustosamente. Él había oído la conmoción y llego cuando se había ido mi mamá, haciendo uso de algún conocimiento guardado en su memoria, logró desbloquear la vía respiratoria y regresarme a la vida.
Bueno, heme acá vivita y coleando por 44 años más. Unos de esos años más productivos que otros, otros llenos de alegría, otros llenos de tristeza, otros una mezcla. Muchos de ustedes sabrán que soy trans y que comencé a hacer mi transición comenzando los 40. Fue una decisión difícil, perdí mucho, gané mucho. Me gustaría creer que al final de cuentas estoy en un balance aunque hay días que no lo siento así. Unas de las preguntas que te hacen para saber tu grado de que tan trans eres es preguntarte que si el día de tu muerte, cómo te gustaría ser enterrada y recordada. ¿Como un hombre o una mujer? Muchas personas que no son trans tendrán la facilidad de contestar ¿Que me importa? igual voy a estar muerto. Las mayoría de las personas trans no tienen ese lujo y es una de las obsesiones que tenemos al tratar de definir nuestra vida bajo nuestros términos
La sociedad impone muchas expectativas de cómo se debería de ver una mujer y aunque me gustaría creer que soy más “evolucionada” que eso, la verdad es que es una carga que llevo encima y al parecer no puedo quitarme, midiendo mi feminidad en proporciones de cara, anchos de cintura, medidas entre clavículas, tamaño de pie, diámetro de muñecas proporciones entre los dedos índice, medio y anular,etc. Realmente admiro a las personas trans que mandan todo a la mierda y son felices de cómo resulta su transición pase lo que pase. Mi caso no es así. Tantos años de vivir reprimiendo han desarrollado ciertos problemas en mi psique con los que he tenido que enfrentarme en terapia por muchos años.
No me gustan las etiquetas ni que me etiqueten, no quiero que un solo aspecto de mi vida sobresalga sobre los demás y sea conocida como ella. Digamos en mi caso, El hombre aquel de aquella [categoría] que decidió cambiarse de sexo, o aquel que ahora es Trans. Entiendo la importancia de la visibilidad y de alguna forma me comprometo con ella, porque creo que las personas trans necesitamos ver mas personas trans en todos los aspectos de la vida y edades. Transicionar es posible. Aunque dejémonos de mierdas, la verdad es que es difícil en un país como Guatemala.
Ese deseo de evadir ser etiquetada por aspectos de mi personalidad, mezclada con la vergüenza, ha llevado a callarlos y esconderlos. No quiero salir del closet. No quiero ser recordada en mi funeral como el tipo que se hizo trans que es bipolar tipo 2 y que vivió toda su vida con bulimia y disforia corporal.
Y pues, así salgo del closet con mis otros desórdenes, tengo un desorden bipolar tipo 2 y he tenido bulimia de alguna forma u otra toda mi vida.
Ese desorden bipolar, seguramente se van a saltar que es tipo 2 o no lo van a recordar a propósito o sinceramente es un estigma que llevará a muchas personas a conectar mis comportamientos o decir despectivamente, vaya personaje trans, es así porque está loca. La verdad es que este desorden me ha llevado a que me cueste la vida. Hay días que son maravillosos y quiero ver a todxs mis amistades y realizar todos mis planes y sueños. Generalmente hago planes con todxs cuando estoy así. Pero hay un balance que todas las personas bipolares conocemos, los períodos de alegría se cancelan con los de depresión. Esos momentos de alegría y entusiasmo son cancelados por momentos en los que me cuesta salir de la cama, bañarme o tener un día más o menos “productivo”, muchas veces fallo en eso, y me detesto por no poder ser disciplinada y “productiva”, En esos momentos cancelamos planes o simplemente no decimos nada porque la carga emocional de estar entre otros humanos es demasiado pesada, la estoy pasando mal y haría que las demás personas la pasen mal. Muchas personas no entienden esa poca constancia, Muchas amistades no entienden cómo hago planes para luego cancelarlos. ¿Será que le caigo mal a Sia? ¿porque es incapaz de avisar que no puede/quiere verme? No, mis queridxs amiguis, no es su culpa. Lxs adoro a todxs más allá de lo que creen. Solo hay días que no puedo, aún con terapia y con medicamentos.
Pero más vergonzoso que ese aspecto de salud mental que no quiero que me defina como la trans bipolar, está la bulimia. Nunca he tenido una idea real de mi cuerpo, me es difícil dimensionarlo y relacionarme con el. Podría decir que todo comenzó cuando en la clase de historia leímos sobre los excesos de los romanos, sus fiestas excesivas y que tenían lugares para vomitar y luego seguir con su bacanal. Muchas personas dirían, que degenere, tantas personas que se están muriendo de hambre y esos excesos. A mi me pareció una buena idea, aunque luego me detestara a mi misma por comer “como un puerco” mientras había tanta hambre en el mundo. La verdad mi desorden alimenticio comenzó mucho antes. Antes de la bulimia estaba el “binge eating”, lo escribo en inglés porque no he podido encontrar una traducción satisfactoria es como darse atracones de comida mientras te sientes bien y luego pasas a tener sentimientos negativos sobre ti.
En terapia, gracias a mi psiquiatra, pudimos encontrar el inicio de este comportamiento. El día que el ejército secuestró a mi papá cuando nos llevaba al colegio y que ví toda la brutalidad de cómo era golpeado y ya desmayado cubrían su cara para montarlo en un camión pequeño y se lo llevaban. También vi cómo golpeaban a mi abuela cuando se bajó a defender a mi papá, los valientes mierdas golpearon con la cacha de su fusil a una mujer que habrá rondado los 70 años. Yo tenía 5. Cuando llegamos a casa y no dejaba de llorar me ofrecieron mi comida favorita, una quesoburguesa, y así entre esa experiencia que desgarró la realidad de mi vida y búsqueda de encontrar algún tipo de confort estuvo la comida. Ya por los 9 años recuerdo estar en casa y comerme un bote entero de mantequilla de maní y la vergüenza con la que iba a tirarlo lo más lejos de la casa poniendo una distancia entre yo y mi vergüenza. Nunca me era lo suficiente, comía y comía y comía y luego me odiaba a mi misma. Ahora a éste comportamiento compulsivo le metemos la santa disforia corporal y el descubrimiento de que podía vomitar para comer en exceso de nuevo y allí nació mi desorden alimenticio que me acompañaría por momentos durante toda mi vida
Los desórdenes alimenticios tienen la mayor carga de vergüenza en mi opinión. No quiero que me vean como una persona indisciplinada, una persona que no se sabe medir, una persona que desperdicia cuando hay tanta carencia, una persona vacía. Pero de alguna forma mi desorden evolucionó y ya no era tanto por tener control de mi aspecto físico, si no de tener control sobre mi vida.
La verdad es que la bulimia/anorexia/binge eating empeoró cuando decidí hacer la transición, de alguna forma ganaba control sobre mi cuerpo al hacer la transición y de otra forma perdía el control de mi cuerpo al someterme a las expectativas de ser mujer impuestas por la sociedad. Llegué a tener un control/balance de esto. Esto se derrumbó cuando comenzó el encerrón por el COVID-19. Con acceso a máquinas de ejercicio y comida 24 horas al día. El balance se derrumbó y mi disforia corporal se hizo inaguantable. Los efectos de la bipolaridad aumentaron también. había días que comía como descosida y otros días que no comía y hacía unas tres horas de ejercicio diario. Al fin no pude más con el descontrol que sentía en mi vida y recurrir a la bulimia para sentir algún tipo de control, lo que hacía una vez mensual se convirtió en semanal para ser diario y llegar a dos veces por día, algunas veces tres. No hay palabras para poder describir lo que me odiaba y odiaba mi cuerpo, odiaba mi vida, mi condición de ser trans y mi existencia. Habían días que jugaba con la idea de mi muerte. Vomitaba dos o tres veces seguidas desde la navidad. Toda mi ilusión de control se había derrumbado.
Les cuento esto porque quiero que sepan quien era antes de morir, tal vez entiendan que soy un ser humano complejo, llena de contradicciones, llena de fortalezas, llena de debilidades. Tal vez me descuenten por loca, por vacía. Como sea, esa persona era quien soy, esa persona era Sia.
Les cuento más sobre la bulimia. Unos de sus efectos es la desensibilización del reflejo de vómito, primero con un dedo hasta que ya no se siente luego con dos dedos, luego con lo que te cabe de la mano y luego te encuentras que necesitas explorar más profundo para accionar el reflejo del vómito, comienzas a utilizar objetos, los objetos te ayudan a explorar más profundo. Entre el deseo de explorar más profundo y la mucosidad que mi cuerpo producía para proteger mi esofago de los jugos gástricos que llegaban a donde no deberían de estar jamás, se resbaló mi objeto y en otro acto reflejo lo tragué.
Fueron momentos de pánico, sabía muy bien el riesgo que un objeto extraño podría causar en mi cuerpo, si se iba a mi tráquea seguramente moriría asfixiada.
No morí asfixiada.
No lo sabía, pero el objeto se deslizó por mi esófago y llegó verticalmente a mi estomago, listo para causar bloqueos o perforaciones en mi sistema digestivo. Algunos se preguntaran ¿Cuál era ese objeto? vayan a Google, este ensayo es sobre morir, no es sobre la bulimia.
Con la sensación de que ese objeto estaba en mi esófago pero con miedo que se podía desviar a la tráquea, me lavé la cara del vómito para ser de alguna forma presentable y con toda la vergüenza del caso tuve que ir confesar a mis padres. Era bulímica, use un objeto para causar el vómito, necesitaba ir a un hospital, no podía manejar porque temía que se fuera a la tráquea en un túmulo o un acelerón. Vi la cara de total confusión en mis papás, con temor vi que tenían preguntas sobre porqué vomitaba, porqué era una persona indisciplinada, porqué era tan vacía. No me dijeron nada. Me llevaron al hospital donde tuve que confesar mi condición de bulímica con cada doctor que me veía. Rayos X, una endoscopía para tratar de succionar el objeto fallida, luego una operación delicada para extraer el cuerpo foráneo que en ese momento estaba obstruyendo mi duodeno. Una enfermera pudo ver que era trans, me trató amablemente, otro enfermero fue muy brusco, despertándome a horas extrañas, quitándome el catéter de la vena y canalizándome en otro lado de mis brazos y manos cada día, total estuve 5 días y tuve 5 canalizaciones. No pude comer por 4 días, conectada al suero para mantenerme hidratada y medio que alimentada, emanaban de mis poros ese olor que ahora me resulta asqueroso. Sentí desesperación, miedo, odio, no podía arreglar nada, sentía el peso de mi estupidez y mi descuido, el malestar generalizado por odiar mi cuerpo. todo se fue a la mierda.
Ese día, no hubo pariente lejano ni un "deus ex machina" para salvarme, ese día murió Sia.
Lo que sobrevivió ya no es Sia, lloró en el carro con su madre. Al llegar a casa se cortó el pelo que llevaba 3 años creciendo, la cola irá para alguna de esas ONGs que recolectan pelo para lxs niñxs con cáncer. Todo lo que quedaba de Sia se fue a la basura, unas pocas cosas quedaron en una caja.
Espero que recuerden a Sia con cariño, como la persona compleja que fue. Espero que le perdonen todos los planes rotos, por haber desertado la comunidad que tanto amó y tanto la apoyó, que le perdonen por no haberse despedido, que le perdonen el no haber tenido la fortaleza de mandar todo a la mierda y sobrevivir como tantas otras mujeres trans lo han hecho en este lugar tan inhóspito, tan lejos de la civilización, pero tan lleno de amor.
Les puedo asegurar que les quería descomunalmente y sin su apoyo no habría sobrevivido por el tiempo que vivió, y ese tiempo que vivió junto a ustedes lo amó con todas las fuerzas que pudo su alma.
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