La procesion



El sol llevaba años de ser insoportable, ya habian pasado al menos cinco años desde que se vió la última nube. Como resultado los pocos árboles que quedaban parados eran monumentos muertos con algunas ramas que tenían por costumbre desprenderse en los momentos mas inoportunos. Por las noches cantaban sus amenazas de caer crujiendo con el aire frío nocturno. Hubo un tiempo que en las mañanas se podia encontrar algun animal muerto bajo un trozo de arbol. Esto era cuando habían animales grandes. Ahora solo quedaban las ratas. Ratas y zanates.

El día significa trabajar arduamente en la sombra del huerto de la casa con las cubiertas del plástico maldito que había envenenado el planeta, paradójicamente era el mejor material que trabajaba para atrapar suficiente humedad por condensación para el huerto de tubérculos que era la mejor parte de la comida, la carne era mejor no saber de donde venía.

El calor mañanero del sol era una burla al frío insoportable de las noches. Los cuartos insoportables por el calor del dia irradiaban suficiente calor que al ser ayudado por unas cuantas sábanas y la ropa del día.

En la madrugada los gritos de Diana anunciaban el nuevo día, era dificil saber si era una fiebre pero en ese estado de estar casi consciente lloraba entre nervios y alegría diciendo que pronto regresaría la Virgen y traería comida para todos.  Ella la tranquilizaba hasta que quedaba dormida, para entonce era la hora para medir, recoger y utilizar la humedad para el huerto. Con la desaparición de las nubes, la falta de agua en el ambiente les había forzado a ser granjeros de humedad. Se podian ver las decenas de mantas de plastico que parecían velas de barco estaban posicionadas en dirección perfecta al sol para que por las tardes al soplar el aire frío se condensara la humedad en gotas de agua. El sistema estaba diseñado de tal forma que las gotas eran guiadas a los antiguos tambos de policarbonato enterrados en la profundidad de la tierra donde evitaban la evaporación

Mientras trabajaba en la cosecha de agua recordaba el tiempo en que estos tambos eran llevados a casa en camiones por hombres que le sonreían.

La época de los vehículos había terminado, tambien la de hombres sonrientes, los cambios extremos en la temperatura del planeta habían causado un desastre en los pozos de petróleo en la tierra y los mares. Ahora estaban llenos de fuentes que expulsaban fuego desde las entrañas del planeta cuando caían las estructuras del mar el petroleo seguía fluyendo envenando todo a su alrededor. El petroleo que se recogía en las aguas del mar y las playas eran procesados para hacer las velas de plástico

Después de recoger el agua y atender al jardín de tubérculos, despertaba y tomaba el desayuno con Diana. Diana le pedía que le contara historias de cómo había sido el mundo antes….Cuando a pesar de las advertencias, siguieron deseando mas hasta que no quedo nada. Le interesaban las historias de cómo habían aprendido a cultivar el agua y la comida que se adaptaba al clima.

Diana amaba las historias de antes, quería saber sobre los ríos que fluían de color verde turquesa, de como en sus orillas saltaban peces que brillaban en el sol como que si fueran plata. Le contaba como en las orillas de los ríos crecían flores de todos los colores y árboles con frutas que rebosaban de jugo cuando las mordías. Las historias que más disfrutaba Diana era de como la lluvia caía y mojaba todo. Le parecía la cosa más inverosímil. Le fascinaba jugar a saber qué pasaba con el agua. ¿Se iba a los ríos? ¿Se escondía debajo de la tierra? ¿Iba a parar a esa planicie salada que antes llamaban océanos? Ella le contaba como había funcionado el ciclo de agua: lagos/ríos/océanos -> evaporación -> lluvia -> manto freático -> lagos/ríos/océanos. Le preguntaba si los peces se evaporaban también.

Ella le contaba que a veces habían ciclones en el mar que succionan a los peces hasta las alturas de las nubes y luego llovían los animales sobre una gente muy asombrada. Diana se reía, no sabía que eran las nubes y solo había visto ciclones de polvo, la historia no le parecía más que una exageración de su mama. Ella amaba la sonrisa de Diana, cuando reía, era idéntica a la de Natalia, sus ojos, su boca, su tono de voz, era tan parecida a Natalia cuando se habían conocido y enamorado.

Havia historias que le ocultaba a Diana, historias de como antes de darse cuenta que esta comida solo alcanzaría para pocas personas y la hambruna se llevaría a los que no podían o no sabían protegerse y cultivar, pues se necesitaron de las dos habilidades, los mas fuertes pasaban de granja en granja acabando los alimentos hasta que sus balas se acabaron, y al no saber como cultivar dejaron de ser fuertes y pronto murieron

Sus madres habían dado la vida por ella en el sentido real de la palabra. Natalia habia crecido sabiendo utilizar armas de fuego, defendiendo con toda la violencia que su cuerpo pudo soportar hasta que el terror pasó, nunca le recordaba que habían sido cuatro, martina había nacido en el momento equivocado, solo tomaba leche y cuando ésta dejo de fluir, Martina se marchito poco a poco sin importar las mezclas de líquidos con solidos con las que intentaron reemplazar la leche. La enterraron atras de la casa donde caía la sombra y donde nunca volvería a tener que soportar el calor. Diana no lloro. Repitieron unas oraciones que le había enseñado su otra mamá que a su vez le había enseñado su mamá. Le tomo la mano a Diana. Natalia tampoco lloró, ella nunca fue religiosa, pero las enseñanzas religiosas transmitidas a Natalia por su otra mama le parecio que eran un derecho de Diana.

La muerte de Martina afecto a Natalia de sobremanera, nunca más volvió a sonreír. Natalia entendio que el cultivo solo alcanzaria para dos personas, así que una noche despertó cuando ambas dormían y se perdió en los bosques para nunca mas volver. Ella encontro su carta al amanecer. Talló el nombre de Natalia un pedazo de madera que luego colocó junto a la tumba de Martina.
Esta vez, Diana no lloró y jamás volvió a preguntar por su otra mamá.

Luego de contar las historias, le preguntaba a Diana por la Virgen. Diana se tornaba muy seria, le corregía y la llamaba por su nombre real, La Virgen del Queso. Diana decía que la virgen del queso era real, que poco a poco se acercaba y que pronto estaría con ellas para traerles comida a ellas y a Martina. Luego se callaba “ya no quiero hablar”. Ella respetaba su silencio.

Natalia había calculado muy bien su sacrificio. La comida alcanzaba para las dos y de vez en cuando lograban atrapar alguna criatura que quería hacer de los tubérculos su comida. Después de limpiar a la criatura, la asaban a las leños como y la comían como un festín.

Después de comer Diana siemprr quería saber más, quería saber más sobre sus mamás. Ella les contó cómo se habían conocido cuando estudiaban en la Universidad y como se habían vuelto inseparables. Natalia estudiaba ciencias animales y Martina estudiaba ciencias agrícolas, habían colaborado en una tesis doctoral sobre la creación de ecosistemas autosustentables para alimentar a la población que lentamente comenzaba a pasar hambre en este planeta que poco a poco moría.

El sistema de tubérculos y criaturas que las mantenía vivas era una modificación del sistema que sus mamás habían ideado. Natalia amaba sobre todo a los pájaros,  podían volar por los cielos, a veces por meses enteros hasta llegar a donde tenían que llegar. Diana le comentaba que de todos los animales que había visto en los libros, los pájaros eran los que más le habría gustado conocer.

Esa noche Diana se había despertado callada. La había levantado moviendo su brazo. “mami oyes ese ruido?” Entre despierta y dormida, recordó el sonido, era el aleteo de pájaros, en plural.

Instintivamente creyó que eran invasores y fue a recoger y cargar el rifle de Natalia, la luna llena se oscureció por pájaros negros que no hacían más ruido su aleteo. Diana estaba hechizada viendo el la escena, ella le comandó que se fuera a esconder en el lugar seguro.

La bandada de pájaros negros había pasado de largo, ella se sentía intranquila.

“mami, mami, ¿oyes ese ruido?”

En el bosque sonaba “PON, PON, PON, PON, PON” junto a unos murmullos que parecían cantos.

Contuvo su respiración para que au corazon no se mezclara con el ruido que estaba tratando de averiguar de que ae trataba. El ruido se hacia mas recio.

¡Mami, mami! Diana estaba tan emocionada que bailaba.

El sonido de unas trompetas le pusieron los pelos de punta. El bosque se tornó nublado. El otro sonido era un coro de voces que no comprendía.

Cargo el rifle y apunto hacia donde venía el sonidoDiana seguía bailando

“¡Diana, escóndete ya!”

“Mami, no entiendes, están regresando por nosotros viene a traer a Martina”

“¡Diana, en este momento, como practicamos!”

“Mami, acaso no entiendes, son ellos”

Grito en medio de la oscuridad “aléjense o disparo”, le invadió el olor a incienso ¿Una Procesión?

Vio las capuchas puntiagudas de los capirotes entre la niebla y unas túnicas pegadas a unos cuerpos demacrados.

“¡Aléjense hijos de puta o los mato a todos!” grito con lagrimas que le ahogaban la voz.

“Mami, no dispares, ¡son ellos! vienen a salvarnos, traen la comida para Martina”

Sus gritos fueron ignorados por los procesionistas doblaron en frente de la casa y parecían caminar a la tumba de Martina.

Detrás del líder estaban unas diez personas con incienso que nublaban todo. Ella tosía y trataba de ver a través de la niebla causada por el incienso. Cuando llegaron a la tumba de Martina comenzaron a excavar. Ella les disparo. Diana no dejaba de jalarle la blusa gritando con emoción Cada jalon de Diana hacía que bajara el rifle. Sus tiros se perdían en la noche.

Lloro cuando vio a que sacaron a Martina, su piel estaba pegada a sus huesos, tan demacrada como cuando murio, quería hacer algo pero tenía que proteger a Diana

"Mami, estan llevando a Martina para darle su leche"

La procesión no paraba. Ella sostenía a Diana tratando de protegerla.

Vió miembros de la procesión que llevaban palanquines con ruedas gruesas verde-amarillentas, un olor fétido se distinguía entre el el olor. El olor le recordaba a leche podrida. Luego de los palanquines venían otros miembros con las trompetas desafinadas. Luego otros miembros de la procesión halando por unas lazos a unos animales gordos, grisáceos como de unos  sesenta centímetros de largo cada uno. Tenían hocicos estirados, orejas paradas y colas lisas. Chillaban todos. Ratas. ¿Para que llevaban a esos animles?

El miedo y el susto junto a no haber comido bien por dias hizo que sintiera i que se desfallecía e intentó sostenerse con el rifle. Diana estaba emocionada. Un jalón a su blusa la hizo perder el balance y caer al piso. Antes de perder la consciencia le imploró a Diana que fuera al escondite a la casa. Diana brincaba de la alegría

Natalia se despedía de ella en el aeropuerto. Ella le pregunto como iba a hacer para vivir sin ella ese año. Ella le prometió que siempre podía contar con ella mientras estuviera viva. Natalia respondió bromeando, “Mala hierba nunca muere papi”. Natalia era la única persona a la que le permitía que bromeara con el genero con el que ya no se identificaba. Vio su sonrisa que se perdía entre la niebla. Poco a poco cobró consciencia y pudo distinguir esta otra forma frente a ella, su piel era ahora un cuero rosado amarillento estirado, sus huesos empujaban contra la piel y se marcaban bajo la túnica de seda, se dio cuenta su quijada estaba descolgada y vio su abdomen estaba distendido y que algo se movía dentro de ella. El cuerpo de Martina habia sido colocada en su regazo.

Se quitó las lágrimas que le nublaban la vista. Grito a todos los congregados

Malditos mierdas, ¿que hicieron con mi Natalia?

Cuando vio la cara momificada de Natalia, de su quijada descolgada salió una pequeña rata, en sus manos cargaba un pedazo amarillento verdoso que mordisqueaba.

Diana gritaba emocionadamente “Bendita eres entre todas las Mujeres y bendito es es tu fruto que la vida nos dio”

“Bendita es la Virgen del Queso” gritó el hombre de túnica blanca. “¡Bendita es la Virgen del Queso!” gritó Diana con las demás personas.



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