Trans y el mundo Terf




Fueron unos seis meses después de haber salido del closet y de estar tomando hormonas, mi pelo corto y creciendo, practicando la dicción y pronunciación, tomando hormonas y vistiendo lo más afeminado posible para mi cuerpo musculoso que encontré una oferta en uno de los tantos sitios de cupones. Un fin de semana de spa, masajes, pedicuras, etc. Desde que salí del closet con mi mamá y haber luchado con liberarme de la mayoría de limitaciones mentales de comportamientos masculinos que debía seguir para no ser descubierta, me había propuesto construir una mejor relación con mi mamá, la cual en la adultez del closet había descuidado y desbaratado gracias a las burlas de mis novias para demostrarles que contrario a lo que ellas (y mi papá había comentado muchas veces cuando yo era aun pre adolescente) me decían en tono de burla, que no era un “hijo de mami”. Decidí que esta sería una actividad perfecta, me daría la oportunidad de agradecerle por su apoyo, me daría tiempo con mi mamá a solas y además sería una cosa divertida que una hija podría hacer con su madre.

Su respuesta no fue lo que esperaba. “No puedo dejar a tu papá solo un fin de semana.”. Todo el escenario que había construído en mi mente me pareció ridículo y me sentí muy triste, pero sobre todo me asombró la razón. “dejar solo a tu papa”. Mi mama es la mujer que más admiro en el mundo, es inteligente, es constante, es comprensiva, es determinada, es autosuficiente y sobre todo en este país machista no se deja de nadie. Mi mama es psicóloga, tiene una maestría y un Doctorado terminado pendiente de tesis. Ella tiene una vida social muy rica, con amigos y familia que comparte con mi papá y otra con su grupo de amigas (creo que hubo un amigo en el grupo que murió). Mi mama tiene una vida interna muy rica, se dedica tiempo a ella misma y hace las cosas que le gustan cuando le gusta. Para mi, mi mama es un ejemplo de feminismo con f mayúscula. Por eso, la excusa que me había dado no me hizo sentido, pero no dije nada.

Meses después de este incidente tuvimos una pelea, que no me recuerdo porqué inició, pero termine por reclamarle a ella que aun no me aceptaba como una mujer y ella explicándome que para ella era difícil la transición, que me había experimentado toda la vida, hasta hace unos meses, como hombre, y muchas de mis actitudes, manierismos, y expresiones eran percibidas por ella como estrictamente masculinas  por ella y que estaba tratando. Fue una confrontación intensa donde llore mucho y ella prometió que iba a esforzarse más, pero que yo debía de interiorizar sus preocupaciones. La verdad es que si se ha esforzó, meses después de esa pelea recuerdo la primera vez que me llamó hija en una conversación de texto.

Esto me fué la primera vez que me hizo pensar que más allá de mi lucha por ser reconocida y aceptada como mujer, qué cabida tienen las mujeres trans dentro del feminismo. En mi ingenuidad, creí que al reclamar mi identidad como la de una mujer, bastaba para ser reconocida, entendida y aceptada como tal. Claro, mi experiencia era distinta a la de la mayoría de mujeres y algunas personas podrían decir que al nacer como un hombre biológico y crecer como tal (aunque fue un esfuerzo no colapsar mentalmente entre la imagen que proyectaba y la persona que era realmente) crecí protegida por la manta sagrada misógina del patriarcado la que causaba un abismo entre la experiencia cis y trans.

Cabe aclarar que en ese momento que lo que yo entendía del feminismo era mucha intuición con muy poca teoría. Sabía sobre las “olas” feministas, sus luchas y triunfos, La primera ola entre finales del siglo diecinueve y principios del siglo veinte que luchó por los temas de igualdad de género, de trabajo y por el derecho al voto. La segunda ola, ocurrida durante los sesentas y setentas que luchó por igualdad de género, laboral y el derechos de reproducción sexual, y la tercera ola que es un movimiento más disperso, donde hay voces más radicales y más moderadas que reivindican las luchas no resueltas en torno a cuestiones económicas de género y de violencia contra la mujer y agregando voces inclusivas en los aspectos sociales y culturales y otras situaciones estéticas-ideológicas como el derecho de una mujer a verse como quiere verse, a formar o no una familia, a trabajar o no trabajar.

En ese momento en mi vida comencé a tener una relación virtual con una mujer trans de USA que era más crush mío que yo de ella, que estaba estudiando un doctorado en filosofía en una universidad prestigiosa de USA y estaba contribuyendo con lo que ahora estoy entendiendo es la cuarta ola feminista. Entre nuestras pláticas, a ella le pareció divertido mi poco conocimiento teórico del feminismo pero le parecía interesante mi curiosidad, ella estaba dando una cátedra sobre introducción al feminismo y me compartió su plan de estudios de clase, vocabulario y me compartió suficientes ensayos para que mi ignorancia se diluyera y entendiera mejor, de ella aprendí teóricamente el porqué de la discriminación de cuerpos distintos, sobrepeso, discapacidades. De ella oí la primera vez los conceptos de interseccionalidad en el feminismo y me compartió las interioridades divertidas de la academia, las luchas entre distintas corrientes, el odio explosivo que llevó a X profesor a enviarle una bolsa llena de excrementos humanos a Z profesor y otras historias divertidas. La relación con ella terminó cuando comenzó su tesis, a veces pienso en ella pero ya no hablamos.

 Con ella fue que yo comencé la larga e inacabada tarea de aceptar mi cuerpo y mis deseos, de entender que estos dos eran válidos y no había ningún tipo de contradicción entre ser una mujer trans y mi atracción sexual por las mujeres. Fue con ella que comencé a entender que el movimiento feminista no era un bloque homogéneo y dentro del movimiento habían personas con puntos de vista más radicales, peleados a muerte con otros movimientos feministas, especialmente entre las veteranas de las batallas de la segunda ola y las proponentes de nuevos puntos  de inclusión de la tercera ola. Con ella fue que oí por primera vez el termino TERF, trans-exclusionary radical feminist, en español: Feminista Radical Trans Excluyente.

Como la mayoría de feministas, las TERF no son un frente unificado y sus desacuerdos con otras feministas no está limitada a la aceptación de las mujeres trans, además de tomar el calificativo TERF como un insulto, lo que las une como tal es la idea de que las mujeres trans no son mujeres realmente. La idea de que las TERF son un anacronismo histórico, que están perdidas en los ideales de la segunda ola feminista y nunca pudieron entender los ideales de la tercera ola es equivocado, el movimiento TERF, que ellas se identifican como feministas críticas del género está vivo y coleando y reclutando nuevas personas aliadas de ésta corriente. Las TERF son abolicionistas del género, el género es un constructo social y no existen más que diferencias biológicas entre hombres y mujeres, pero los roles son impuestos por una sociedad patriarcal que debe ser eliminada y cualquier otra opinión que no esté con ésto está equivocada.

El ser trans es un problema para éste planteamiento filosófico-sociológico. Las feministas TERF están tratando de deshacerse del género, para las feministas TERF, las mujeres trans solo hacen cumplir las distinciones de género. El problema que veo yo sobre el punto de vista TERF es que realmente necesitan de una definición de género que se apoya más allá de los constructos políticos-filosóficos-sociológicos y vuelven al problema de basarse en ideas mal entendidas sobre la biología humana. Y allí todo el planteamiento de eliminación del género para siendo una contradicción conceptual. Para mi este planteamiento más parece una reacción surgida del temor y del no poder adaptarse a un mundo infinitamente más complejo del que el que nos había prometido el mundo el siglo XX.


Pero si algo nos ha dado el siglo XXI, es que las ideas ya no necesitan ser lógicas o tener conceptos coherentes para ser aceptadas o descartadas en los nuevo campos de batalla que nos proporciona el internet. Diariamente en Twitter, reddit, 4chan, foros de cualquier medio, blogs, Youtube y otros lugares cibernéticos que se me escapan, las ideas son repetidas, copiadas, memeificadas y reproducidas con la idea expresa de afectar la cultura y opinión popular. Los insultos son ilógicos y brutales, las batallas nunca terminan, al parecer su única razón de ser es enojar a la contrincante hasta que ésta pierda la compostura. 

Otra cosa que nos ha dado éste mundo complejo es la idea de que cualquier idea es válida sin importar de dónde viene, con tal de que la crean suficientes personas y ante esta inseguridad, alianzas extrañas se están concretando. Por ejemplo en Estados Unidos, a principios del año 2019, en una audiencia llevada a cabo por el Comité Judicial del Congreso para el Acta de Igualdad. Esta Acta daría protección federal  a los derechos civiles de cualquier persona sin importar su orientación sexual o género, y era tan popular que contaba tanto con el apoyo de las mega corporaciones como Apple, Google y Nike, al igual que la gran mayoría del ala progresista del partido demócrata de Estados Unidos.En ésta audiencia, se presentó como una testigo a Julia Beck, una mujer(cis) lesbiana de 26 años, perteneciente al Frente de la Liberación Femenina (WoLF por sus siglas en inglés) . Beck no estaba allí para testificar a favor del Acta de la Igualdad, había sido invitada por el ala conservadora del partido Republicano de Estados Unidos para protestar en contra de las protecciones que esta ley le daría las mujeres Trans, advirtiendo que “Si ésta ley llega a ser ratificada, entonces todos los derechos por los que han peleado las mujeres en la historia dejaran de existir”. Advirtió sobre la posibilidad de que hombres violadores asumirían una identidad de mujer trans para cometer violaciones en las cárceles. Las mujeres trans pronto invadirán todos los espacios femeninos, obteniendo las becas destinadas para deportistas mujeres (cis), y que a las mujeres les serán negadas estas oportunidades pues no pueden competir contra la fuerza varonil de la mujeres trans (la exageración de la fuerza varonil es de mi autoría). Advirtió también sobre el peligro de que las mujeres (cis) que se rehusen a utilizar pronombres femeninos con mujeres tran serán multadas, arrestadas y prohibidas de utilizar plataformas de medios sociales. Que las niñas evitaran ir al colegio los días que tengan su período menstrual para evitar que sean acosadas en baños mixtos o que las mujeres y niñas (cis)  perderán los derechos a pedir que las atienda personal médico femenino (cis)  incluyendo mujeres de la tercera edad o mujeres discapacitadas que por su condición están en un riesgo mayor de ser abusadas sexualmente.

Acusaciones muy serias y muy graves, pero son acusaciones basadas en miedo y verdades a medias. A mi me suenan a las falacias argumentativas de los 90s en contra del matrimonio gay, de como si se aprobaba el Matrimonio Gay entonces lo próximo en aprobarse sería legalizar la pederastia y el abuso sexual con menores, luego, el matrimonio entre personas y animales y otro tipo de idioteces.

La realidad es esta, Las TERF no consideran mujeres verdaderas a las mujeres trans, y la realidad es que no tienen una razón coherente para hacerlo. La verdad es que ante una mayor visibilidad y lucha por los derechos trans, estamos viviendo una reacción en contra de la existencia de personas trans y sus derechos, basados en la infusión de temor, desinformación, saturación y manipulaciones del tema con puntos de vista religiosos, sociológicos y políticos, tácticas que usan tanto los grupos conservadores y las TERF para deslegitimizar  a las mujeres trans.

La idea es una de desgaste, que el tema trans parezca como demasiada lucha para las pocas personas que somos y que las energías serían mejor invertidas en otros temas.Ha repercutido a tal punto que hay facciones dentro del movimiento LGBTQ que opinan que se le está dando demasiada importancia a los temas T(rans), y que el mismo  T, que es un tema de identidad no tiene que estar metido en un movimiento LGB que son temas de sexualidad.

Recientemente le pregunté a mi mama si ella se considera feminista, me contestó que sí, pero no radical. Hablamos de las distintas olas de feminismo, de sus experiencias y dentro de donde de éstas ella se sentía mejor identificada. Fue una conversación corta. Fue una conversación importante para mí. Me sentí más cercana a ella.


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