La marcha del 17 de mayo contra la homofobia y transfobia

“Mr.F, desconecte su Avaya y váyase a su casa”

Suspire mientras desconectaba el auricular-micrófono con el que hacia mis labores diarias. Era mi primer mes después de pasar el entrenamiento en el call center, todavía estaba encontrándome en el trabajo y hoy era el día para hacer ventas. El destino  había decidido distinto,  en vez de mandarme gente que quería comprar el producto me había mandado gente que desesperadamente había llamado a ventas para resolver problemas técnicos. Cuatro llamadas seguidas pausa por media hora y otra llamada mas. Se cagaron en mis números del día, que se cagaban en los números del mes de mi supervisor, que se cagaban en los números anuales de la empresa contratada para hacer ventas eficientes de televisión por vía satélite a Estados Unidos.

Había llegado al call center después de estar manejando un par de meses en Uber, cuando conocí a una cliente que me había descrito el trabajo de un agente de ventas de call center. Estaba harta de estar sentada todo el día manejando y después de haber llevado a un par de clientes a dejar unos paquetes sospechosos por varios lados de la ciudad, temía que solo era cuestión de tiempo para que la policía me hiciera del alto y mi nombre saliera en los periódicos: “Detenido cuando transportaba cocaína y $100,000 en efectivo. Conductor reclama ignorancia”. Entre eso y recibir llamadas de clientes interesados en adquirir servicios que estabas vendiendo, junto a un excelente “Signing bonus” más  incentivos monetarios por sobrepasar las cuotas de venta, había hecho mi primera venta y me la había comprado yo misma, trabajo segura en un call center. Tuve que regresar un par de veces a entrevistas antes de obtener mi trabajo, al parecer mi hoja de vida estaba sobrecalificada. “sabe que, borre lo de la licenciatura y la maestría y traiga una copia de su diploma de bachiller”.

¿Porque una persona que tiene una licenciatura y una maestría está trabajando como agente de call center? Pues supongo que porque soy Trans y mi aspecto luego de 4 meses de usar hormonas junto a la perdida de peso mas un saco que parecía  prestado a mi papa porque me quedaba demasiado grande en las entrevistas, levantaron sospechas de que tan apta era esa persona afeminada y flaca para ocupar una gerencia como las otras tantas decía haber ocupado exitosamente según mi hoja de vida.

Aunque me habían enviado a casa estaba de buen humor, en el call center no les importaba que tan femenina me vestía o si utilizaba las llamadas de ventas para practicar mi voz femenina, allí había conocido y convivido con las primeras personas de la comunidad LGTB y había salido del closet con algunas de ellas.  En el call center no les parecía importar mi apariencia, lo que querían es el cumplimiento de metas. Para entonces llevaba varios meses de haber salido del closet a mi familia y amigos cercanos, todos totalmente cisgénero y heterosexuales y unos cuantos meses luego del fin definitivo de mi relación y el éxodo a la casa de mis papas, al cuarto que había ocupado durante mi adolescencia. Después de tantos años de vivir fuera de ella, la casa no se sentía como mía.

Todas estas ideas estaban flotando por mi cabeza cuando vi un pequeño grupo de personas (menos de 100) portando banderas arcoiris y marchando en el carril auxiliar en la Avenida Reforma. "¿Hoy es el día de la marcha de orgullo?" Aunque nunca había ido a una, me pareció que eran muy pocas personas. Revise la fecha en mi reloj. 17 de Mayo. Revise mi facebook  y me apareció entre los recuerdos de hace dos años que había  hecho una publicación sobre el día internacional contra la homofobia y transfobia, en la cual yo decía apoyar el derecho de ser quien quieres ser y amar a quien quieres amar. Me había peleado con un par de comentaristas religiosos, y mi ahora ex me había alegado sobre mi necesidad de estar cortejando la controversia en un país que era (es) demasiado conservador y donde los potenciales empleadores revisan tu facebook y que iba a ser una persona menos elegible. No di mi brazo a torcer, supongo que ese día en el pasado no lo entendió, pero ahora en el presente lo tiene claro.

Estacioné el auto donde pude y fui a shutear a la marcha. Uno de los organizadores con una bandera de arcoíris se me acerco para hablar. “¿Es tu primera vez?” “¡Si, no sabía que existía esta marcha!” le conteste emocionadamente. Charlamos un poco, me conto de que se trataba la marcha y me comento sobre las actividades que iban a haber luego de que terminara la marcha “A ver tomá la bandera, voy a ver si te consigo una camiseta” Me reí entre la emoción y nervios cuando agarre la bandera. Estuve hablando con otras personas que iban conmigo al frente de la marcha. Después de unas cuadras regreso el organizador. “Disculpa pero no ya no hay camisetas” y me dio una boleta impresa con información, la cual se podía cortar para hacer y usar una pulsera. Luego de otra cuadra me excuse con él, devolviéndole la bandera y le dije que me tenía que ir, me dijo que ojalá pudiera llegar más tarde a las otras actividades.

Camine hasta donde había estacionado el auto, solo que ahora con una pulsera arcoíris en mi muñeca. Era la primera vez que me sentía en casa en mucho tiempo.


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