Breve relato sobre la violencia



El oído le zumbaba, oyo  un pito recio que ahogaba cualquier sonido alrededor. Tenía sus manos arriba, un rasguño en el antebrazo izquierdo le ardía. Tenía los ojos cerrados. Poco a poco los abrió y la volteó a ver. Junto con la imagen de ella gritándole pudo distinguir sus palabras.

“Llorá pues marica de mierda, llora como la mariquita que sos”

Trató de recordar en que se parecía esta situación a la otra agresión de la persona con la que estaba saliendo en ese entonces. El golpe había venido después de una discusión. La otra ella también le había llamado marica. Un marica de mierda. “Un marica mas de este país de mierda y que por eso la situación estaba como estaba”. No quería discutir más, solo quería que se bajara del carro, la estaba ignorando y miraba el celular cuando sintió el golpe y todo zumbaba. A lo lejos oyó la puerta del carro cerrar y el sonido de sus tacones haciéndose mas callados cuando se alejaba del auto. Sintio el liquido caliente bajando por la nariz, vio su camisa enrojecerse. Esa vez si había llorado. Había llorado como aquella otra vez a los 9 años.

No recordaba muy bien que lo había desencadenado pero su papá estaba emputado. Le había pegado con la mano abierta en la cara, esto lo destanteo, el zumbido le había mareado y luego sintió el golpe del la grada en la cabeza cuando cayo. Luego su voz. “Levántate, no seas marica, apenas si te toque”
Un par de patadas en las nalgas y como no se levantaba el enojo le llevo a darle  una patada dura en el abdomen. Cuando le iba a atestar el segundo puntapié, su mamá había llegado y lo arranco y le gritó que si le volvia a poner un dedo encima que ella lo iba a dejar para siempre. Su mamá le había tratado de consolar. Se había acurrucado como un bebé y lloraba como tal. No era tanto el dolor, si no la humillación.El era la persona en el mundo que más admiraba, sus palabras le habían hecho sentir distinto. Sentia ser distinto. Rechazo. Le había llamado un marica y él sabía que de alguna forma que si lo era, que siempre lo había sido.

Otro intento de golpe la trajo de vuelta a la realidad. Para ese momento sus instintos habían tomado control y la posición de guardia que había aprendido en artes marciales y su continua práctica por años le había protegido. Su voz ya no sonaba tan altanera.

“¿Que vas a hacer ahora? ¿Me vas a pegar marica? Me vas a pegar porque sos un marica”

Entonces bajó los brazos y le sonrió.

“Tus insultos son idiotas, jamás me vas a hacer llorar. Soy quien soy y estoy felíz de ser quien soy”

Ella se le tiró con las manos al cuello y la comenzó a ahorcar.

“Te voy a matar maricon de mierda, me estás humillando a mi y a mi hija con estar vivo y paseando por todos lados como un maricón de mierda”

Entonces le sonrió, le tomó las manos y delicadamente se las puso en la tráquea.

“Aquí es donde tenes que apretar si queres matarme. Apretá duro y rápido”

Ella comenzó a llorar y le soltó las manos.

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