El abrazo


Capítulo: Juan Pablo

“Para cerote!” Juan Pablo intentó de distraerlo para evitar lo inevitable. “Vos, no seas idiota, vamos por cervezas, ya sabes que si no llegamos a tiempo, nos van a cerrar el depósito y ahí si la cague con mi mama” “Para el carro cerote, o te juro que lo paro con el freno de manos”. Juan Pablo detuvo el auto y Alejandro salió por la puerta del carro sin cerrarla, corriendo hacia el punto exacto donde había le había dicho hace un momento que detuviera el automóvil. No había forma de retroceder, la calle era de una vía, tendría que dar la vuelta para recogerlo. Se preocupo un poco por Alejandro, quien para ese momento parecían existir dos motivos que lo hacían vivir. Beber hasta perder la consciencia y las peleas callejera.

“Que se joda el cerote" pensó, "tengo que ir al depósito por el licor  y las cervezas y luego regreso por éste energúmeno.”

Juan Pablo no conocía a Alejandro de toda la vida, es más, solamente se había cambiado de colegio hacia algunos años. Alejandro fue uno de las primeras personas que le dieron la bienvenida. Alto, bonachón, musculoso. Era el total opuesto de lo que Juan Pablo era en ese momento, la adolescencia no le había llegado y Juan Pablo era pequeño, gordo, cuerpo de niño y con una voz chillona. Comenzaron por ser amigos porque ambos compartían una fascinación por coleccionar datos de hechos particulares que al parecer muy poca gente conocía a su edad. La distancia de la tierra a la luna (384,400km), las primeras civilizaciones del mundo (Mojenjo Daro en la India y Katal Huyuk en Turquía), el dato en la cual la temperatura era la misma para los centígrados y grados Fahrenheit (-40), pero lo que los había unido era su gusto por el metal pesado (Metallica y Anthrax), y su desprecio compartido hacia las autoridades escolares y su amor por calabozos y dragones y las fantasías medievales.

Ya para el segundo año de secundaria a Juan Pablo lo había alcanzado la adolescencia, se había estirado hasta el metro ochenta y tenía una y vos estrepitosa que solo de vez en cuando se quebraba, los "gallitos", que tanto odiaba porque causaban que los adultos no lo tomaran con seriedad. Su amistad con Alejandro seguía igual o inclusive mas fuerte. Los dos outsiders, sus gustos e intereses los situaban afuera de "la mara", el conjunto de amistades de los chicos populares del grado. Así como Juan había cambiado físicamente, la transformación de su primer amigo de secundaria había sido extraña.

Todo había comenzado oyendo las historias de los compañeros de colegio de los grados superiores. Una cuestión que después en su vida entendería que era una mezcla tan notoria del del racismo y clasismo guatemalteco. ”Darle verga a los breiks” No sabían ni porque lo hacían, pero era algo que todos los adolescentes clasemedieros debían hacer para demostrar su valentía y su hombría. Los breaks eran los otros y era su deber como niños bien de clase media guatemalteca mantener a los breiks en su lugar. A Juan Pablo no le gustaba eso. A ser cierto encontraba que tenía más cosas en común con los “Breiks” que con sus compañeros de clase. Su papá se había ido de casa desde hace años y su mamá trabajaba para mantener a sus hermanas y a él en un estatus social que poco a poco era más difícil de mantener. Su mamá había obtenido las llaves del negocio de un bar un tanto popular, eso mantenía a la familia al día a día y les daba para unos cuantos lujos pero no para mucho más.

Este bar le había abierto las puertas de popularidad a Juan Pablo, ya que con esto les abría las puertas para la bebida a un grupo de niños que no deberían tener acceso a ello. Al principio Alejandro había mostrado un disgusto por la idea de usar alcohol, pero alguien le había cuestionado su hombría y como resultado le había hecho cambiar de parecer y ahora bebía mas que todos y lo hacía con orgullo, generalmente era de los últimos que estaba en pie pero cuando no se medía era de los primeros que caían.

Así había comenzado la rutina de los viernes, juntarse a las 5, beber como idiotas y luego ir a buscar peleas callejeras. Juan Pablo no participaba en esto, bebía poco porque tenía que ayudar a su mamá, pero nadie le cuestionaba nada porque el tenía las llaves de las puertas del paraíso. A veces bromeaban que tenía el nombre del apóstol incorrecto, debía se llamarse San Pedro.

Juan Pablo tenía un año más que Alejandro y esto significaba que obtuvo la licencia de conducir mucho antes que él. Este día particular era sábado, no estaba nadie más que Alejandro bebiendo y hablando con él. Los sábados eran días de mucho movimiento y pronto se acababa el licor en el bar que administraba su mama. Cuando eso pasaba, debía de ir al depósito donde conseguían los mejores precios. El depósito estaba localizado al fi al de la zona dos, cerraba a las 10 p.m. y el viaje de ida y vuelta desde el bar tardaba media hora. Este día el licor se había terminado a las nueve. Exactamente hoy no tenía tiempo para las idioteces de Alejandro. Esperaba que al dar la vuelta a la cuadra ya habría terminado todo y todavía tendrían tiempo para llegar cómodamente.

Alejandro hacia años que levantaba pesas obsesivamente lo cual lo había llevado a pesar unas 200 libras con su metro ochenta y dos de estatura a los dieciséis años, lo que le daba una amplia ventaja en las peleas, pero no lo suficiente ante los que sabían realmente pelear. Un breik que sabía Karate le había roto la nariz de una patada voladora dejándolo tirado en el piso y Juan Pablo había tenido que darle un golpe por detrás al karateka con la llave de fierros del carro antes de que le diera la golpiza del siglo a su amigo.

Le preocupaba un tanto que Alejandro había cambiado su enfoque de “verguear” (una tremenda golpiza) a los breiks a golpear a los travestis de la calle, “los huecos, los maricones”. Lo hacía con tal saña que muchas veces lo había tenido que separar antes de que la golpiza terminara en algo más serio. Juan Pabo no entendía ese odio que parecía tener Alejandro. Más de alguna vez habían llegado al bar de su mama algun travesti y Juan Pablo les había hablado y tratado con toda naturalidad, total, cliente con dinero era cliente aceptado en el bar.

Juan Pablo se preocupó por Alejandro, “¿que tal si había pasado algo?”, doblo en la primera calle que pudo y regresó lo más pronto posible a la cuadra en donde su amigo había salido corriendo como loco. Alejandro podría comportarse como un idiota pero aún así era su amigo, todavía lo quería, aunque se estaba convirtiendo poco a poco en un imbécil cae mal. Tendría que hablarle sobre eso otro día.

Al dar la vuelta a la esquina vio que estaba sucediendo lo que temía, Parecía que Alejandro estaba sobre un travesti golpeándole a puñetazos la cara, luego vio que pararon los golpes, le levantó la cara del piso y comenzó a ahorcarlo. parecía que lo estaba interrogando. Repentinamente Alejandro lo soltó y vio una mirada de de confusión en sus ojos. En un abrir y cerrar de ojos, las luces del carro reflejaron el brillo de un pedazo de metal que tenía en su mano derecha y Juan Pablo vio con terror como lo insertaba en el costado de Alejandro. Seguramente había sentido el punzón, pues Alejandro se levantó del piso, y se se sacó el cuchillo del abdomen, Juan Pablo observo con horror como salía un chorro de sangre a presión de su costado mientras Alejandro mantenía una cara de confusión absoluta, tropezó hacia atrás, cayó en el piso y vio como unos cuatro o cinco travestis que habían llegado y le caían a golpes mientras Alejandro se desangraba en el piso. La travesti a la cual le había propinado la golpiza, se paró sobre él y le escupió la sangre de la boca, luego levanto su falda y le orino encima. Para cuando Juan Pablo salió de su asombro, Inmediatamente comenzó a bocinar para distraerles, puso las luces altas,  paró el automóvil, y se bajó con el fierro para cambiar las llantas. Somatando el fierro contra su mano y pidiéndole al universo que no se le quebrara o sonara un gallito trató de gritar con en el  tono más intimidante que podía. “BUENO HUECOS CEROTES, AHORITA LES TOCA FIERRO Y EN UNOS MOMENTOS VIENEN LOS DEMÁS A VOLARLES PLOMO”

El grupo de travestis se dieron a la huid, llevando entre brazos a la compañera golpeada que apenas  se podía mantener en pie.. A lo lejos oyó una amenaza. “¿Creen que les tenemos miedo niños ricos? ahora si van a ver lo que les toca por meterte con nosotras

Juan Pablo  le vio la cara hinchada a Alejandro pero lo que más le preocupó fue la sangre negra que le salía del abdomen la cual le había empapado media camisa de sangre, ¿El hígado estaba del lado derecho o izquierdo? ¿Dónde quedaba el páncreas? Juan Pablo se quitó la camisa, ¿Cómo putas iba a hacerle un torniquete en el pecho? Sentó a Alejandro y le amarro lo más duro posible la camisa sobre la herida. Alejandro tenía la cara pálida y estaba llorando. “tampoco es para tanto cerote, no seas miedoso, vamos al hospital, allí te cosen  y te dejan como nuevo” Alejandro no dejaba de llorar. “Vos cerote, no entendes, éste era el hijo de puta, por fin lo encontré y no lo pude matar, déjame acá, me pela la verga lo que me pase.” Juan Pablo se preocupó, estaba delirando por la pérdida de sangre. No había más tiempo que perder. “Ayudame a levantarte cerote, sos como un trozo de piedra, idiota” Alejandro solo repetía sin dejar de llorar. “vos no entendes cerote, no entendes” y comenzó a hablar sobre cómo había pasado todas pruebas y había fallado en la última. “Si no llevo al cerote éste al hospital se me va a morir, ya comenzó a confundir la realidad con los juegos de calabozos y dragones”

“No te vayas a dormir cerote” Le subió todo el volumen a la casetera mientras sonaba “Seek and Destroy” de Metallica.” Había dejado de hablar coherentemente y solo murmuraba algo sobre la prueba la prueba final, cuando volteo a ver la hacia el frente,  Intentó de esquivar a la persona parada enfrente del auto, cerró los ojos y escuchó el estruendo  del  vidrio del parabrisas resquebrajando y cuando los abrió vio un block de concreto que iba directo a su cara pero rebotaba sobre el capó del carro.

El auto se montó sobre la banqueta y se estrelló contra una casa. En su confusión, JC trato de encender el carro, retroceder el auto y llevar a su amigo al hospital. El estárter solo hacía clic y la música ya no sonaba, seguramente el golpe había desconectado la batería. Todavía pensó que había tiempo para llevar a su amigo al hospital y comprar las cervezas y el licor en el depósito. Trato de abrir la puerta para salir a arreglar el problema antes de que llegara la policía a pedirles mordida, pero pronto sintió desfallecer y sintió que el piso se le acercaba a la cara.  Cuando las cosas empezaron a hacer sentido nuevamente, JC oyó a lo lejos las sirenas que se acercaban. ¿Eran policías o bomberos?

“¡Hijueputa! hay un cerote desmayado y otro que se está desangrando, llévate al pizado que se está muriendo y nosotros nos encargamos del que está desmayado.”

“Que mierda” pensó, Juan Pablo, “Éstos bomberos cerotes me van a hacer bajado todo el pisto que tenía para comprar el guaro y cervezas para mi mama.”

Capítulo: Marisela

Marisela despertó después del medio dia en el cuarto que compartía con Yoselin. Yoselin era estilista y teína que trabajar temprano. Ella solo se dedicaba a caminar por las calles en espera de clientes y trabajaba largas horas hasta que su cuerpo no aguantaba. Raramente coincidían con Yoselin porque sus horarios eran tan distintos, pero cuando lo hacían era porque ella estaba regresando bebida y cantando de la felicidad por una buena noche y Yoselin la regañaba por el escándalo y le decía que ella tenía que trabajar desde temprano. Marisela le daba un beso de buenas noches y le pedía disculpas, le prometía  que ella invitaba a las cervezas el próximo fin de semana. Yoselin solo se reía, “Estás engordando por beber tanto”.

Yoselin tenía buena suerte, era joven, delgada, muy femenina y sabía sobre maquillaje y arreglarse. Todas estas niñas de ahora tenían una gran dicha, ellas no habían tenido que hacer el trabajo duro de hombre que te sacaba músculo como le había tocado a Marisela en su juventud.

Había sido un trabajo duro pero bien pagado, con su tío había trabajado en casas inmensas llenas de lujos que no conocía que existieran en éste mundo. Había llegado de Jalapa hacia la Capital con su tío a los 12 años cuando todavía se llamaba Esdras. Su tío le había enseñado el trabajo de jardinero. Le gustaban las flores y las plantas, pero tenían que hacer trabajo duro: excavar usando palas y piochas, talar arbustos a puro machetazo y cuando no podían con árboles usaban  hachas y serruchos. Luego, debían cargar sacos de tierra, llevar árboles convertidos en leña entre los dos y si lo demandaban los dueños de la casa, debían hacer  todo tipo de trabajos que se les ocurrían a los patrones. Después del día de pago, su tío lo invitaba a tomar una cerveza en los bares que estaban cerca de donde vivían.  Su tío le pedía al dueño del bar que pusiera música de Los Bukis o le daba una monedas a Esdras para la rocola. Su tío bebía hasta que ya no podía hablar o lo sacaban del bar porque no quería que cambiaran de música. Esdras lo acompañaba al cuarto donde vivían y lo dejaba dormir. En el trayecto de los bares hacía la casa las había descubierto mujeres altas y guapas, fumaban y se reían, le decían piropos a él y a su tío  cuando  pasaban junto a ellas, a él  le decían que era un papacito y que cuando quisieran le daban todo de gratis. Su tío les murmuraba cuando podía hablar coherentemente, que eran unos huecos de mierda y que se alejaran de él y su sobrino, que eran hombres de bien. A veces su tío paraba y comenzaba a recitar unos versos de la biblia en donde las condenaba al infierno. Ellas solo se reían y le decían que el infierno era más sabroso y que pronto se iban a juntar con él allí. El sentía que en el estómago volaban mariposas.

Ellas eran como él quería ser, así que después de dejar a su tío en cama regresaba con ellas para hablarles. Ellas se reían de el y le decían que se se fuera a la mierda, pero Esdras era insistente. Un día llegó con las uñas pintadas para enseñarles que hablaba en serio. Eventualmente se envalento y le robó un vestido a la vecina del cuarto que compartían con el tío que se estaba secando en el tendedero y llegó a verlas de nuevo. Esto solo les causo más risa. "mírenla es como el Hulk con un vestido" Esdras no se rendía, ahorro para comprar maquillaje y practicó hasta que eventualmente Telma, que era la líder del grupo, le había tomado lástima o cariño, pero lo había acogido. Allí terminaron las burlas de las demás. Telma le enseñó que la vida de una chica de la calle era más dura que lo se imaginaba, pero Esdras estaba feliz. Cuando había escogido su nombre, pensó en las canciones que amaba oír, e inmediatamente  pensó en la esposa del Buki, Marisela. Entre semana era Esdras el Jardinero y los fines de semana era Marisela.

Un día llego a casa y vio el cuarto revuelto, su tío estaba borracho y en una esquina la par de la puerta estaba su ropa de mujer. Su tío no le dijo nada y solo sintió el golpe que la reviró hasta la pared. En su  borrachera le había propinado tal golpiza que había quedado en una esquina temblando del miedo, le dijo que si quería ser mujer, le iba a dar una lección. Se quitó el cincho y se bajó los pantalones, En ese momento cerró los ojos y ella recordó que era Marisela, Marisela lo podía con todo, éste hijo de puta solo era un cliente abusivo, como uno de los tantos que ya le habían tocado. Mientras su tío le daba su lección le dijo que era un malagradecido, que en vez de estar gastando el dinero en huecadas debería de estar enviándole dinero a su mama para alimentar a sus 4 hermanos. Le dijo que era un maricón haragán de de mierda e irresponsable como su tata, que no había asumido su deber de hombre de cuidar a su mamá y trabajar para alimentar a sus hijos.

Entre lágrimas, Marisela recordó cuando llegaron los hombres peludos a su pueblo y hablaron en el la plaza. Dijeron que estaban luchando por un mundo donde los ricos y los pobres iban a ser iguales, pero debían de ser valientes y estar dispuestos a luchar con sus vidas. Los peludos explicaron queha ían escuchado que los hombres de oriente eran los más justos y valientes y por eso habían llegado allí. Explicaron que era cuestión de tiempo para que la revolución triunfara y que después de la revolución todos iban a vivir una vida digna, donde siempre tendrían asegurada la comida y los niños podrían estudiar sin tener que trabajar largas horas para ayudar a sus papás.

Cansado de estar trabajando para su patrón arreando ganado y pasando largas horas bajo el sol montando caballo ganando una miseria con lo que apenas podía alimentar a su familia, esa misma noche su papá había tomado su rifle y pistola, les había dicho adiós a todos y había dejado encargado a Esdras como hombre de la familia, le recordó el valor de los nombres con que le había nombrado. Esdras y Nehemías eran los últimos profetas de la biblia, Esdras había llevado a el pueblo judío de vuelta a  Sion y que Nehemías había construido nuevamente las paredes de Jerusalén. Él debía de sacar adelante a la familia como Esdras y debería traerles prosperidad como Nehemías. Con sus 9 años, Esdras lloró ante el peso de esta responsabilidad. Papá le dió un beso en la frente y le dijo que no debía temer, el Señor estaba con ellos.

Poco tiempo después de salir del pueblo con los hombres peludos, un terratenientes habían llamado al cuartel militar local que había enviado una tropa, los habían emboscado junto con los terratenientes y los habían matado a todos. Llevaron los cuerpos de los barbudos y a su papa y los colgaron en la plaza del pueblo  con rótulos que leía “comunista y traidores a la patria merecen la muerte”.

Solo duraron 2 días en la plaza, ya que se llenó de zopilotes, los soldados los habían intentado espantar espantar a tiros, los que morían hacía aumentar el hedor y si se acercaban mucho los zopilotes le vomitaban encima. Eventualmente en la noche, los descolgaron y se los llevaron a saber a donde pero los rótulos de advertencia permanecieron.

Esdras salió del cuarto humillado y no volvió a ver a su tío o se volvió a vestir de mujer por mucho tiempo. Consiguió un trabajo en la casa de una Doctor cuya Señora le había tomado cariño. Era un buen trabajo, tenía cuarto y comida en está casa inmensa. Hacía un poco de jardinería y ayudaba a la señora de la casa a hacer cualquier tipo de mandado que  le pidiera, poco a poco fue ganando su confianza hasta administrar toda la casa, dándole órdenes a los choferes, a las cocineras y a las las muchachas.  Allí sano y pronto se sintió lo suficientemente bien bien para empezar a vestirse y salir los fines de semana como Marisela. La señora de la casa y su hija tenían los vestidos más bellos que había visto, tenían tantos que no los extrañaban si lo tomaba prestados para el fin de semana, total tenían docenas y docenas de ellos. Pero ella fue torpe en sus deseos pues el trabajo llegó a su fin un tiempo después de unos meses. Unos nietos de la señora de la casa, que llegaban un par de veces por semana a la casa le chismearon a su mama que Esdras se robaba los vestidos y los calzones de la Tía que vivía en la casa. Esdras lloró de la rabia, antes de irse le iba a dar una lección al más chismoso de los niños. nunca más volvería a ser Esdras, de ahora en adelante viviría como Marisela

De esto había pasado más de 10 años. Ahora a sus casi 30 años, Marisela era una de las chicas de la calle más respetadas y líderes de la comunidad, a Telma la había matado un cliente, un militar que se había enamorado de ella y había decidido que lo más fácil era asesinarla para que nadie supiera su secreto.

Ella no pensaba morir de esa forma, tenía una navaja en su bolsa y había organizado a que las chicas se separaran en cuadras para ver que vehículos venían y si habían problemas podían apoyarse unas a las otras.

Capitulo: Alejandro

“Para el carro cerote o ahorita mismo jalo el freno de manos”. Juan Pablo paró el automóvil y le dijo que se apurara porque tenían que comprar el licor para el bar. “Pelame la verga cerote esto es más importante” le respondió antes de salir corriendo. Cuando iba a mitad de la cuadra se recordó que no había cerrado la puerta. Considero regresar pero cuando volteó a ver  Juan Pablo había resumido la marcha “ Ese cerote me dejo solo y fue a comprar el guaro” pensó, no importaba, sentía que tenía el corazón en la garganta y adrenalina pulsando por todo su cuerpo. Debía calmarse, no debían sospechar nada, la experiencia le había enseñado que si uno estaba relajado y parecía respetuoso, tendría una mejor respuesta total, ya en clase, Charlie había pronunciado el dicho que era la filosofía de vida del grupito “trata a las putas como princesas y a las princesas como putas”

Cuando Charlie lo había pronunciado el profesor le había dado una reprimenda en la clase, les hablo a todos sobre la virgen María, que como todas las mujeres eran las madres, hijas o hermanas de alguien. En lo personal, a Alejandro le había parecido una estupidez y una falta de respeto hacia las mujeres. Pero su amigo juraba que era una técnica especial para conseguir cualquier mujer que quisiera. Se río de la historia estúpida y  comenzó a caminar tranquilamente hasta que dobló la esquina y la vio.

Le dio las buenas noches, le dijo que estaba linda, que le fascinaba su vestido y que tenía la boca más sabrosa que había visto, para mientras le estudiaba, la cara, tenía que estar seguro. ¿Cómo te llamas mamita?

Ella se rio y le dio su nombre, Alejandro no contestó nada. “¿Vos sos mudo o que? si no vamos a hacer nada entonces vete, porque me espantas a los clientes” ella sacó un cigarrillo y lo puso en su boca. “¿tienes fuego?”

Alejandro se río de vuelta, estaba totalmente seguro ahora “Vamos, no me digas eso.  No no soy como lo los demás niños, soy como tú, ¿o acaso ya no te recuerdas Esdras, o cómo preferís que te diga, Marisela?”

El cigarrillo se le cayó de la boca a Marisela  “¿Alex?” le preguntó incrédulamente. Para entonces Alejandro había movido su cuerpo para atrás y soltó el golpe más duro que había dado en la vida, su puño derecho conecto con el rostro de ella. Ella cayó al piso como una muñeca de trapo. Aun con toda la adrenalina que corría por sus venas el golpe le había dolido, no, no era dolor, le había ardido. Volteó a ver su puño, en su nudillo  había quedado incrustado un diente. Se arrancó el diente del puño. Marisela estaba tirada en el piso inconsciente. “ No va ser tan fácil, pedazo de mierda, despertáte.” Pateó el cuerpo de Marisela. “Despertáte hija de puta. Tenemos  de qué hablar!”  Alejandro vio como el brazo de Marisela se movía y  metía su mano dentro de su bolsa, inmediatamente le cayó con la rodilla en el estómago y Marisela escupió sangre. Puso sus rodillas sobre sus brazos para que no se moviera y le dijo “Nada de eso cerota” no sabía porque las lágrimas caían de sus ojos. “Solo era un niño” dijo al aire. Alejandro le pegó una cachetada. Ella no respondía “Contestame hija de puta, ¿porque me hiciste eso?” Le propino otra cachetada. La levantó del piso por el cuello y le dijo “Respondé hija de puta!” la ahorcaba mientras él lloraba. “Me hiciste mierda la vida” ella solo se rió y le salía sangre de la boca y la nariz. Le respondió “Si me vas a matar, matame y dejate de huecadas” entonces la soltó, no sabía qué hacer, no sabía como matar a alguien, no quería matarla, quería respuestas. Quería que a ella le doliera lo que le había dolido por lo que ella le había hecho. No había pensado bien esto. Mientras Alejandro estaba confundido, Marisela  se levantó del suelo y le dijo “ Alex te voy a dar un abrazo” el la miro con cara de confusión y mientras ella lo abrazaba sitio un punzón en su abdomen en el lado izquierdo. La empujó e inmediatamente se levantó. Marisela estaba riéndose en el piso. Alejandro se tocó el costado y sintió el mango de un cuchillo, sin pensarlo dos veces lo saco y su mano se llenó de sangre. Sintió que se mareaba y mucha nausea, estaba a punto de vomitar y trato de respirar profundamente, cuando caminó hacia atrás, tropezó se cayó al piso, cuando volvió en sí sintió una lluvia de patadas en la cara y en el cuerpo.

“Niño rico de mierda, ahora si vas a ver con quien te metiste” le gritaban “No que tan macho pues huequito de mierda”

Alejandro sentía que se quería levantar y salir huyendo, pero el cuerpo no le aguantaba. sintió que tenía sueño y las voces que le hablaban se hacían cada vez más distantes, lo último que oyó fue la voz de Marisela “Ya viste que no querías ser mujer”

Tenía cinco años y estaba jugando con su hermano Luis en la casa de sus abuelos. Sus muñecos de Star Wars combatían una batalla crítica alrededor de la fuente tipo antigua, para destruir la parte de arriba que protegía la estrella de la muerte, cuando llegó él. “Hola chicos, soy Esdras, su abuelita me dijo que tenía que cuidarlos, ¿Que están jugando?” Ellos les explicaron sobre la guerra y como los rebeldes estaban derrotando a las fuerzas imperiales. “que aburridas las guerras, mejor juguemos a que ésta era una piscina. A Alejandro le pareció una excelente idea, Luis protestó que no le parecía que jugaran a una piscina porque era una idea tonta y se  llevó las tropas imperiales a otro lado.

Alejandro notó que tenía las uñas mal despintadas, del color morado mas bello que había visto, sintió mariposas en el estómago y abrió la balbuceando y una gran emoción:  “¡Tu sos como yo!” “¿De que estas hablando, niñito?” le respondió Esdras. Alejandro bajó la mirada, “Perdón, mi abuelita me dijo que nunca tenía que hablar de eso” Esdras le pregunto “¿De que no puedes hablar?” Alejandro  sonrojó. Mirando hacia el suelo contesto en una voz casi inaudible. “ Yo soy niña secreta” Esdras se rió. "como tú"

No sabes de qué estás hablando niño...Vamos a ver Alex, necesito una prueba. Ponete un vestido de tu tía” Alejando estaba tan emocionado, la última vez que  había usado ropa de niña, se había puesto una calzoneta de su abuelita y le había preguntado cuándo iba a tener pechos, y en vez de darle una respuesta, su abuela  le había dado un coscorrón, le había pellizcado el brazo y luego le había dicho que nunca en la vida podía hablar esas asquerosidades como esas con nadie jamás.

Entraron al cuarto de su tía. “Escoge qué es lo que más te gusta.” Alejandro escogió un vestido blanco con adornos de encaje” “Está divino” le dijo Esdras. “A ver, ponetelo y da una vuelta.” Alejandro era un niño alto para su edad, pero el vestido le quedaba bailando. “Te ves divina” le dijo Esdras mientras reía.

Alejandro no podía esperar para regresar a la casa de sus abuelos. La próxima prueba de Esdras es que se pusiera una calzoneta. Alejandro se sentía tan feliz. La tercera prueba era usar lencería. Esdras le había abrazado y le había dado un beso. Alejandro se sintió incómodo. Le había tocado su parte privada, Esdras le dijo en tono de burla que a las niñas no se les paraba. Le dijo que nunca le podía contar a nadie lo que estaban haciendo pasando porque nadie lo iba a entender e iban a regañar a  Alex por mentirosa.

En la noche Luis le alego que ya no jugaban juntos, que todo el tiempo lo quería pasar con el tonto de Esdras. Alejandro se puso a llorar, le contó lo había pasado. Alejandro le imploro a su hermano que no fuera a decir nada. A Luis no le había parecido y al otro día le dijo a su mamá.

Al otro día Esdras había sido acusado de robarle vestidos y la ropa interior de su tía entre otras cosas.

Alejandro corrió para pedirle perdón entre lagrimas a Esdras. Esdras llevó a Alejandro a el escritorio. Le dijo ”Si quieres ser realmente mujer, hace falta que pases la última prueba” Alejandro no recordó hasta muchos años después los detalles de lo que había pasado. Lo que si recordaba era sentirse asqueado consigo mismo y la suciedad de querer ser mujer. Muchos años después en terapia por fin pudo recordar a Esdras quitándose el cincho y bajándose el pantalón.

Las bofetadas de Juan Pablo lo habían regresado al presente. Alejandro estaba llorando. Lloraba porque su venganza no iba darse nunca. Lloraba porque nada tenía punto. Juan Pablo le hablaba de cosas, le hacía preguntas,  pero Alejandro no entendía qué le estaba diciendo.

Se subieron al carro y oyó un estruendo. Cuando abrió los ojos estaba en una ambulancia

Contesto las preguntas como un robot:

“B positivo”
“16 años y medio”
“Al centro médico, ahí está mi tío”

“No llores canche, perdiste  sangre pero vas a salir vivo de ésta, tenes mucha suerte que te encontráramos todavía bien”

Alejandro volteo a ver hacia la pared de la ambulancia de los bomberos pintada de blanco con manchas de óxido mientras sus lagrimas caían.

“Si, que suerte la mía”

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