Consentimiento

Parecía que llevaba horas de estar viendo el techo del cuarto del hotel. La luz del atardecer lo había pintado naranja, luego rosa. hasta que por fin todo se había convertido en penumbra. Los juegos de colores siempre le habían gustado y su mente estaba perdida en la oscuridad, pensando en el espectáculo de de luz que había presenciado. El celular sonó e iluminó el cuarto con su tenue luz.  Volteo a ver perezosamente hacia el aparato y leyó el mensaje.

“Disculpa preciosa,  tuve una reunión de última hora. Llego en quince minutos”


Suspiró, se levantó con desgano y caminó  torpemente hacia la ventana. Volteó a ver hacia abajo observando la carretera inundada con automóviles. Se percató del sonido y llevo sus manos a sus orejas. Los autos no se movían, el sonido de las bocinas de los autos tenía una sensación de desesperación, como bestias atrapadas en una trampa inescapable. La necesidad de gritar le invadió y se tapó la boca con ambas manos. En la desesperación de las bocinas había una situación fuera de control, como la sensación de estar atrapada en su vida. Sintió el peso del tiempo que había pasado antes de que ella tomara una decisión, que realmente, había sido tomada por alguien más. Inmediatamente le invadió el sabor amargo donde la lengua se une a la garganta, ese sabor que precedía los ataques de pánico, sintió el sudor frío sobre su frente. El sudor le iba a arruinar el maquillaje. Tenía que tomar el control. Las pastillas habían dejado de funcionar meses atrás. Su única opción era utilizar los ejercicios de respiración que había aprendido en terapia:


Respira profundamente. Contén el aire y cuenta a cuarenta. Exhala todo el aire hasta que cuentes a veinte. Repite.


Concentrate en encontrar el ritmo, como el ir y venir de la olas del océano. Sus pensamientos se fugaron a aquella vez sus padres la habían llevado a la playa cuando aún era pequeña. Su papá estaba obsesionado con construir un rancho en uno de los lugares más remotos en la costa del país. El oleaje era bello y tranquilo, pero lo que más le había impresionado era ver la primera vez como la vía láctea brilla en la noche. Ver el reflejo de las estrellas sobre la superficie infinita del mar, recordó que aunque estaba cansada, el calor era insoportable para dormir, finalmente el sonido de las olas la habían arrullado hasta quedar dormida.

Un evento desconocido causó que los autos comenzaran a fluir y el sonido de la desesperación desapareció, se sintió mejor.

Encendió las luces para revisar su maquillaje. Sus ojos se enfocaron en su frente. la noto y frunció. Seguía allí como siempre. La arruga. Esa arruga en su frente que llevaba consigo desde los 13 años. El fruncido hizo que la arruga se remarcara. Sonrió. La arruga seguía ahí. No existía forma alguna de deshacerse de ella. Era una marca del tiempo y las muecas de su cara, un reflejo del tiempo pasado para la decisión y el peso de su costo. El tiempo pasado para que todo estuviera perfecto y que nunca lo había estado. El peso de haber lastimado a la persona que mas amaba y el peso de todas las personas que creía haber decepcionado. De alguna forma la arruga dividía quien era de quien había sido.


Trato de arreglarse el maquillaje para que se notara menos pero logro lo inverso. Se quitó el maquillaje de la frente con la mano y apagó las luces.


El mar de luces rojas y blancas brillaron a través de la ventana. El boulevard Roosevelt, que nadie sabía escribir y menos pronunciar en el país, que había sido nombrada en honor al presidente americano de la segunda guerra mundial. No siempre había sido una carretera de diez carriles. Recordaba hace años cuando tenía solamente 4, antes de eso ¿quien sabe? Recordó cómo su papá le había explicado que todas las carreteras estaban construidas sobre caminos anteriores. De la misma forma como este hotel había sido construído sobre una de las mayores ciudades precolombinas del continente Americano.

El tiempo era implacable y ahora no quedaba más que un par de montículos, un hotel , una carretera llena de gente desesperada, la arruga en su frente y los ejercicios de respiración para combatir los ataques de pánico.


El teléfono ilumino de nuevo el cuarto, lo recogió y lo puso sobre su rostro
“Ahora mismo subo”


Encendió la luz y se reviso su maquillaje mientras hacía los ejercicios de respiración...respira profundamente...Se había acabado el tiempo para andar pensando en el pasado, Las decisiones estaban tomadas ya.


Escucho los golpes suaves en la puerta, la abrió y lo vió por primera vez en la vida real. Tenía cara de sorprendido, si se parecía a las fotos que había visto en el sitio de citas, pero no en todo. Era un poco más pesado y más bajo de lo que su perfil de internet prometía. La parte superior de su cabeza coincidía con el inferior de su barbilla. Los zapatos de tacón que él le había pedido que usara para la cita se sentían aún más ridículos ahora.


“¿Mónica?” Ella se forzó a sonreír como respuesta “Te ves linda”. Todavía estaba insegura de éste encuentro, pero por otro lado razonó que ya había invertido suficiente tiempo esperándolo, además él sonaba sincero, lo tomó por la mano y al jalar sintió resistencia. Vio que el revisaba si no había nadie en los corredores que podían verlo entrar al cuarto con ella. A ella no le importo, podía ser su secreto, total,  ella ni se llamaba “Mónica”.


Cuando la puerta estaba cerrada, ella tomó su cara y lo besó en los labios. El respondio con un beso con lengua. Después de besarse por un rato, se separó de ella y le dijo: “Veo que no vamos a perder el tiempo, ¿verdad?”. Ella respondió besándolo y luego lo trato de llevar a la cama. Se mantuvo inmóvil y al ver que ella tenía una cara de confusión le preguntó, “¿En serio querés hacer ésto ahora?”. La verdad es en que quería sentarse en la cama para que los zapatos ridículos le dejaran de molestar. Ella caminó sola y se sentó en la cama.  Cuando ella puso su mano sobre el zapato derecho para quitárselo, vió que le había seguido. “dejalos puestos”. Le tomo la mano, luego le tomo la otra y luego le beso entre las piernas. Su barba le hizo cosquillas y ella comenzo a reirse.


“Ponete en cuatro”. instintivamente se rió de la idea de que alguien le estaba dando órdenes a ella. Lo pensó un poco, ¿Por que no?  Así que se dio la vuelta. Vio que la cabecera de la cama tenía un diseño acolchonado. Sintió cuando le quitaron la ropa interior y luego como la besaban como nunca le habían besado. Sintió un escalofrío por la espalda, lo volteo a ver y le sonrió.


“¿Estás lista?” volteó a verle y asintió con la cabeza. “¿Eso fue un sí?”  “Hagámoslo” le respondió y le guiñó el ojo. Inmediatamente se volteo y agarro un preservativo de la mesa de noche. Intento su sonrisa más seductora mientras y le dijo “¿Te olvidas de algo?” Él frunció el ceño y le vio una arruga en la frente.”Vas a ver que te va a gustar cuando te lo ponga” le respondió mientras le abrazaba la cintura. Lo tomó en su boca y sintió como se ponía duro. El le tomo la cabeza y la jalo contra su cuerpo, esto hizo que se ahogara y que le dieran ganas de vomitar. Trató de apartarse para poder respirar. Sintió el sabor amargo en la parte de atrás de su lengua. Empujo con sus manos y no podía apartarse. Trato de respirar por la nariz, mientras la angustia le invadía el cuerpo. Entonces le pegó tan fuerte como pudo en la pierna. Inmediatamente le soltó la cabeza y comenzó a disculparse.


“Perdón nena, es que sos tan buena para ésto que me deje llevar por el momento.”


¿Nena? Le sonó tan cursi que le dió risa. Tal vez había sido un malentendido, la menta no sabía tan mal y cubría el sabor amargo que se le acumulaba en la parte atras de su lengua.respira profundamente. contén la respiración. exhalar. Le sonrió de la forma más seria que pudo y le dijo: “No lo volvás a hacer” El levanto una ceja y soltó una carcajada. “Te prometo que no lo haré”


Jugó un poco con él y le puso el preservativo. El sonrió. Ella se sentó en la cama viéndole a su cara y le abrió las piernas. El  la tomo de los tobillos, le cerró las piernas, le cruzó una pierna sobre la otra y girándola con un movimiento rápido y fuerte, la dejo boca abajo sobre la cama. Le sorprendió su fuerza, lo había subestimado por su estatura.


“Te dije que te pusieras en cuatro, ¿te recordás?” Tenía un tono sarcástico en su voz


“Es que yo quería que nos pudiéramos besar” su tono de voz era de juego. Ella creyó que de ésta forma podría hacerle cambiar de opinión. Estaba equivocada. El le jalo el pelo para atrás forzándole la cabeza hacia atrás  y ésto la dejó con la boca abierta. El le metió la lengua en la boca. “ya ves, aun nos podemos besar” ella no respondió. “¿me oíste? ¿te das cuenta que aun nos podemos besar?” seguía sin responder. “¿Te diste cuenta o no?” Sintió el sabor amargo acumulandose en su lengua  “¿Te quedaste sorda o que?” su voz había subido de tono. “Si o sea, pero esto no es como yo quer..”


“¿Ese es un sí o un no?” la interrumpió antes de que pudiera contestar. “Si” Su respuesta era débil y sumisa. La jalo por la cintura la alineó con su cuerpo.  Ella empujó con sus brazos para levantar su pecho de la cama.

respira profundamente. contén la respiración. exhala.


“¿Estás  lista?” respira profundamente “¿Me escuchaste?” contén la respiración “Te pregunte si estabas lista” exhala. “¡Por la gran puta mujer, contestá!” repetir


“Si” suspiro. Con un tono de voz entre enojo y desesperación  le contestó “¿Sí, qué? “¿Si estoy lista?” Pensó que era una pregunta ridícula, fué por ésto que ella había respondido con una pregunta, tal vez no era una pregunta para que él le respondiera, sino una pregunta que se hacía ella misma. Repentinamente lo sintió dentro de ella y sintió dolor. Esto le hizo salir del trance en el que estaba. Repentinamente percibió el olor del cuarto del hotel, del olor del sudor de él, el sonido del aire acondicionado y el sonido de las bocinas de los carros en la carretera.


“Espera” le dijo ella “Más despacio por favor”. ella conocía su cuerpo, sabía que necesitaba acostumbrarse poco a poco. por lo menos eso le pasaba con sus juguetes. La diferencia es que ella los podía controlar.


“¡Pará!”  y el paro. Le jalo el pelo hacia atrás y la besó como la había prometido, luego le habló calladamente a su oído. “Sho” “Pero” iba a comenzar a  hablarle, tal vez había algo por hacer para hacer que ésto funcionara. “¡Te dije que te hicieras sho!” Le puso su codo entre sus hombros y dejo caer todo su peso sobre ella, inmediatamente el dolor y el peso hizo que sus brazos ya no la pudieran sostener. Su pecho cayó a la cama y sus rodillas resbalaron hacia atrás. sentía todo el peso de él sobre ella. Aún lo sentía dentro de ella. Ella apretó con todas sus fuerzas hasta que lo sacó.


“¿Por que mierdas hiciste eso, puta?” Iba a decirle tantas cosas pero el empujo su cabeza contra la almohada con una mano. Forcejeó para encontrar una forma para poder respirar porque sentía asfixiarse contra la almohada. Lucho tanto como podía hasta que por fín se le ocurrió voltear la cabeza hacia un lado y así poder respirar aunque sea por una fosa nasal. En el forcejeó oyó el sonido de como se quitaba el preservativo. Su cabeza estaba atrapada contra la cama con su  mano empujando su oreja.
“Porfa”
“Pará”
“No”
Cerro las piernas y las apretó tan duro como podía. El le metió la rodilla en medio de sus muslos. Le dolía tanto que cedió. sintió la otra rodilla y poco a poco le abrió las piernas.
“Porfa”
“No”
“Pará”
“No”
Respira profundamente
“No”
Contén la respiración
“¡NO!”
No pudo exhalar. Sintió las lágrimas caer de su único ojo que no estaba atrapado entre la cama  la almohada. Lloraba mientras trataba de sacar sus brazos debajo de su cuerpo. La mano de él presionaba sobre su oreja y solo momentáneamente se desprendía mientras el cuerpo de él se hacia atrás y hacia adelante. Escuchó que sus gritos de “NO” se habían sincronizado con las bocinas de los autos. Perdían el volumen y aumentaban de nuevo cuando la palma se separaba de su oreja. El resultado de esta acción era similar a oír las olas del mar. El sabor amargo que sentía en la garganta había sido abrumado por el sabor salado de sus lágrimas y su sudor y sabían tan salado como el agua del mar. sentía que se ahogaba. Quería luchar aún, y tal vez algún día en su pasado lo habría logrado. No después de esa decisión que había cambiado su vida para siempre. No después de haber perdido todo el peso y masa muscular que hacían que sintiera que su cuerpo no era suyo. No después de las hormonas que por fin le habían dado control y sentido de pertenencia a su cuerpo.


Recordó a esa otra etapa de su vida, antes de que ella fuera ella, cuando aún era un niño, cuando sus padres la habían llevado a la playa y mamá le había explicado sobre el alfaque. Le había explicado como cuando las corrientes te jalaban era el poder de todo el océano contra el que estabas luchando, y no había forma de resistir. Los que luchaban terminaban cansados y se ahogaban. Los que se dejaban llevar y guardaban sus fuerzas podían esperar a un cambio de la corriente para nadar nuevamente a la playa vivos.


“Verdad que te está gustando, Puta?” Su voz tosca la trajo de vuelta al presente. Ella lloró mientras intentaba decir que no. “No te pude escuchar putita, ¿ese fue un sí o un no?” entre lágrimas solo respondió una palabra.

Al momento de responder, sintió que el cuarto quedaba callado. Aún sentía la almohada contra su cara. Sintió como las arrugas y los pliegues de la almohada y las sábanas de la cama dejaban sus marcas en su piel. Sintió que las arrugas de la almohada se convertían en una parte de su rostro.

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